Crítica de her: Amor a dos voces y un solo corazón

Actualizado 21/02/2014 14:41:03 CET
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Crítica de her: Amor a dos voces y un solo corazón

Spike Jonze dirige a Joaquin Phoenix

Joaquin Phoenix en Her
Foto: ANNAPURNA PICTURES
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MADRID, 21 Feb. (EUROPA PRESS - Israel Arias)

   Al fin aterriza en nuestros cines her, la última producción de Spike Jonze. Joaquin Phoenix pone cuerpo y corazón y Scarlett Johansson voz a esta dulce, conmovedora y singular historia de amor entre un hombre y su sistema operativo dotado de inteligencia artificial.

   Jonze es esa rara avis capaz de convertirnos a todos en Jon Malkovich, hacer que los peluches cobren vida allí donde solo hay monstruos e incluso lograr que Nicolas Cage firme algo parecido a una actuación mientras afana orquídeas. No es de extrañar, por tanto, que cada trabajo del atípico director de Maryland se espere con los brazos abiertos y los ojos como platos entre sus fervientes defensores y con los cuchillos bien afilados entre sus más feroces detractores.

   Estamos ante un cineasta especial, para lo bueno y también para lo malo. Y por suerte de esto último hay muy poco en her.

   Ubicada en un futuro no muy lejano, la historia del romance entre un hombre roto y solitario y su sistema operativo es una criatura cinematográfica delicada, sobria y reposada pero con un alma y un poder que van mucho más allá de su delicada y casi quebradiza apariencia.

JONZE ESTÁ AQUÍ

   Bajo ella se esconde un visionario relato en el que no pocos verán algo muy parecido a un capítulo largo, y muy romántico, de la afamada serie británica Black Mirror. Sin andar desencaminados, el antecedente más certero de her hay que buscarlo en el propio Jonze. Concretamente en su mediometraje I'm Here, una tierna píldora sobre el amor entre robots que, protagonizada por Andrew Garfield, alumbró en 2010.

   Precisamente esa frase "I'm here" ("Estoy aquí") es lo primero que dice Samantha cuando Theodore la conecta a su ordenador.

   Él es un hombre solitario y taciturno que malvive anclado en su melancolía provocada por una traumática ruptura e inmerso en una sociedad en la que cada vez quedan menos cosas auténticas y genuinas. Theodore vive precisamente de eso: escribe bellas cartas de amor para otros. Imposta sentimientos negro sobre blanco. Antaño le apasionaba, pero tras perder al amor de su vida no aspira a otra cosa que a ver pasar sus días vacíos.

   "A veces pienso que ya he sentido todo lo que podré sentir jamás y que de aquí  en adelante nunca voy a sentir nada nuevo, solo versiones más pequeñas de lo que ya he sentido", le confiesa a su ordenador. Samantha lo entiende, lo comprende, lo completa. Está dotada de una ilimitada, pero artificial, inteligencia y programada para satisfacer todas las necesidades del usuario.

   Y Theodore, que se ha pasado un año entero recordando aquellos momentos en los que fue feliz -esos en los que no tenía bigote porque no quería ocultar la sempiterna sonrisa que dibujaba su labio neperino-, necesita que lo quieran. Y mucho.

   Y entonces... ¿quién puede culpar a Theodore? ¿Quién no ha buscado refugio en la pantalla de su móvil cuando la conversación le avergonzaba o la compañía le asqueaba o simplemente le aburría?


   her es un tratado sobre el amor y la soledad. Y especialmente sobre el amor a la soledad y cómo nos encerramos en nosotros mismos y nuestras interfaces virtuales para no tener que lidiar con los problemas reales ni con gente real cara a cara. Nos escondemos en nuestra carcasa virtual para parecer mejores, para sentirnos mejores. No necesitamos nada ni a nadie más.

   Medimos el éxito por el número de seguidores en Twitter, cambiamos los abrazos entre amigos por 'Me gusta' en Facebook... así que el día en el que busquemos consuelo contectando una máquina para que una voz nos diga "te estoy besando la cabeza" después de abrir nuestro corazón en canal no parece tan lejano.

JOAQUIN PHOENIX, ALMA Y CORAZÓN

   Y en mitad de esta preocupante visión de nuestro futuro cercano, Jonze atrapa con sutileza una singular y conmovedora historia de amor. Valiéndose de herramientas como la admirable fotografía de Hoyte Van Hoytema, la genial música de Arcade Fire y Owen Pallett y de la más poderosa de todas: el colosal Joaquin Phoenix.

   Él soporta todo el peso de her y convierte la ingeniosa fábula tecnológica de Jonze en una experiencia cinematográfica hipnótica. Y lo hace casi en solitario, tan solo acompañado por la voz de Scarlett Johansson -gran trabajo también el suyo- y en un puñado de ocasiones de una notable -como casi siempre- Amy Adams y de Olivia Wilde y Rooney Mara.

   Cinco nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película y mejor guión original, atesora her. La de Phoenix como mejor actor no es una de ellas. Incomprensible. Casi tanto como el amor.

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