Crítica de Philomena: Judi Dench y el eterno amor de madre

Judi Dench es Philomena
Judi Dench es Philomena - VÉRTIGO
udi Dench es Philomena udi Dench es Philomena udi Dench es Philomena udi Dench es Philomena
Europa Press Cultura
Actualizado: viernes, 28 febrero 2014 15:34

MADRID, 28 Feb. (EUROPA PRESS - Israel Arias)

   Judi Dench es Philomena, el genuino y conmovedor personaje que da título a lo nuevo de Stephen Frears. Una cinta que llega a nuestra cartelera en el fin de semana de los Oscar, donde opta a cuatro estatuillas incluidas mejor película y mejor actriz.

   Basada en el libro de Martin Sixsmith, The lost child of Philomena Lee, la película relata la historia real de una mujer irlandesa que cincuenta años después inicia la búsqueda del hijo que tuvo cuando era una adolescente y al que le forzaron a dar en adopción.

   En su empeño para saldar esta cuenta pendiente antes de que sea demasiado tarde le acompañará Martin (Steve Coogan), un estirado y elitista periodista que acaba de perder su trabajo en el Gobierno y que a regañadientes toma el encargo de contar su historia.

   Philomena y Martin. Martin y Philomena. Una extraña pareja que durante varios días vivirá una odisea transoceánica de ida y vuelta cargada de momentos deliciosos, conmovedores e incluso algunos hilarantes.

   Una historia cargada de humanidad, fe y facturada de forma impecable por Stephen Frears. La crudeza desgarradora e implacable de los flash-backs con los que conocemos la terrible historia que encierra el pasado de la protagonista contrastan con el sutil, contenido y flemático tratamiento que luego concede a las aventuras y desventuras que, medio siglo después, le deparará el presente a Philomena.

UNA PELÍCULA DE EQUILIBRIOS

   El británico consigue, una vez más, un difícil equilibrio sin perder emoción ni ritmo en una historia terrible y sobresaliente que descansa no solo en el colosal e hipnótico trabajo de Dench -la única que puede amargarle la noche del Oscar a Cate Blanchett- sino también en el perfecto contrapunto snob que el pedante personaje del brillante Coogan -también guionista y productor- le aporta a la campechana protagonista.

   Una sencilla y mesurada pero muy sólida película en la que el director de La Reina, Las amistades peligrosas o Café irlandés da una lección de cómo gestionar eficazmente una historia lacrimógena para llegar al corazón del público sin convertirla en un pastoso pastel que recuerde esos pavorosos telefilmes de sobremesa que arrancan con la etiqueta "Basada en una historia real".

   Y aprovechando el viaje, Frears demuestra que en poco más de hora y media también se pueden hacer grandes películas. Un ejercicio muy necesario en estos tiempos de metrajes monumentales. Puede que parta con la vitola de ser el "patito feo" de los Oscar, pero dejen que pase unos días en la cartelera. Ya verán como se topan con más 'Philofans' de los que imaginan.

Contenido patrocinado