Crítica de Vengadores: Endgame: Saciar al monstruo

Actualizado 25/04/2019 10:38:31 CET
Vengadores: Endgame
MARVEL

   MADRID, 25 Abr. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

   Vengadores: Endgame es mucho más que una película. Para millones de personas es el fin de una era. Un acontecimiento que trasciende el ámbito de lo cinematográfico para convertirse en un evento casi vital. La apoteosis, su apoteosis, la que han estado esperando durante más de una década, hecha cine. Tres horas de catarsis superheroica que, fueran como fueren, serían incapaces de colmar las expectativas del 'fandom', ese monstruo insaciable y sobrealimentado a conciencia que sostiene todo este lucrativo tinglado.

   Pues no. Los Russo vuelven a demostrar una vez más que tienen domesticado al monstruo hasta tal punto, que no solo no los devora, sino que su obsesiva hambre es un arma más al servicio de su nuevo hito en el serial marvelita que, por cierto, y esto hay que dejarlo claro ya desde el segundo párrafo, es un peliculón.

   Un nuevo triunfo, el cuarto consecutivo, de Anthony y Joe, Joe y Anthony, que firman un filme en el que todo es monumental. Y no se trata solo de su duración, esos ya célebres 180 minutazos 'revientavejigas'. Vengadores 4 (o mejor dicho, Vengadores 5 si desemascaramos lo que en realidad fue Capitán América: Civil War) es colosal también por su potente e imaginativa puesta en escena, por su número de personajes -puede que no haya habido una película con más estrellas en pantalla desde... ¿nunca?- y, especialmente, por las astucias argumentales con las que los gurús de Marvel y sus dos guionistas habituales, Christopher Markus y Stephen McFeely, van hábilmente concentrando el excedente de subtramas y arcos superheroicos del UCM para poner punto y aparte a más de una década de cine rompetaquillas.

   De hecho, puede que el mayor logro del cuarteto y del mandamás de Marvel, Kevin 'estoyentodo' Feige, sea condensar en tres horas -que, de verdad, se pasan volando- la ingente cantidad de giros, reencuentros, guiños y emociones que Endgame lanza al patio de butacas. Todo dispensado sin piedad, prácticamente sin un solo respiro, pero con un enorme cariño hacia los personajes y hacia los fans y con un respeto de nuevo reverencial al 'tono Marvel', esa receta que, a base de alivios cómicos cuidadosamente insertados, permite instalarse durante horas en la épica sin caer en una impostada solemnidad.

   Y, como ya hicieran en Infinity War, los Russo ejecutan su canto del cisne marvelita regidos por su máxima latina favorita: Divide y vencerás.

   El plan en esta ocasión implica no solo fraccionar a los héroes y sus misiones, sino también los diferentes segmentos que componen el desmesurado relato. Y es que en Endgame se identifican sin disimulo varias partes bien diferenciadas. Una introducción apresurada destinada a captar la atención desde el minuto uno y a romper definitivamente la baraja -y un buen puñado de teorías fan- da pie a lo que, tal y como consagran los escuetos títulos iniciales, es verdaderamente el arranque de Endgame. El filme cambia aquí totalmente el paso para adoptar un tono mucho más pausado y sombrío que presenta a los héroes en su peor momento. Oscuro pero a la vez muy brillante cambio de tercio que va acelerando hasta poner en órbita una trama que, en una increíble mutación, convierte la descorazonadora y resignada gestión de ese inadmisible fracaso que para los seis personajes fundacionales del UCM supuso el final de Infinity War en un gozoso juego autoreferencial de esencia puramente 'comiquero'.

   Lo que bien pudiera ser un nostálgico y a la vez luminoso recopilatorio de sus 'greatest hits', remasterizados eso sí, es una auténtica bacanal entregada sin complejos a su agradecida labor 'fan service' que, además de poner el valor la importancia del viaje por encima incluso del destino, aporta una interesante relectura en clave homenaje Universo Cinematográfico Marvel deja todo listo para un desenlace ante el que el manido "épico" se queda bastante corto. Un final con varios finales -entendido este apunte no como execrable spoiler, sino como comparación con lo que ocurría, por ejemplo, en la conclusión de El retorno del rey con sus epílogos concatenados- que cumple con lo prometido y cierra, con algunas decisiones verdaderamente audaces, el arco argumental de varios de los buques insignia del serial Marvel, en algunas ocasiones de forma muy emotiva. Un 'Más difícil todavía' que además es lo suficientemente hábil para dejar bien a la vista suculentos cabos para que quienes vengan detrás -que ya vienen- puedan reconectar los filmes de la 'Fase taitantos' con esta seminal Saga del Infinito.

   ¿Que es imperfecta? Sí. ¿Excesiva? También. ¿Apresurada? Por supuesto. Pero con eso y con todo, precisamente con todo lo que la hace tan enorme, Vengadores: Endgame sigue siendo un espectáculo masivo de primerísimo nivel con un ritmo imparable y dotado de una envidiable eficacia a la hora de combinar acción, humor y emoción, los tres ingredientes básicos de la estudiada y perfeccionada fórmula con la que Marvel Studios se ha convertido en la máquina más perfecta de facturar satisfactorios, saciantes incluso, blockbusters.