MADRID 26 Oct. (EUROPA PRESS) -
El escritor David Vann rescata en 'Cocodrilo' (Random House') unas memorias de su juventud en las que tuvo que hacer frente en Puerto Madero (Chiapas, México) a multitud de problemas para rescatar su velero varado, en una historia de narcotraficantes y delincuentes que demuestra que "en el mundo de las drogas nadie es invencible".
'Cocodrilo' supone un desfile de personajes a cada cual más estrambótico. Tras encallar en el invierno de 1997 el barco de Vann, quien había puesto su dinero en un proyecto de chárteres con cursos integrados, el escritor (aunque por aquel entonces solo soñaba con serlo) se vio obligado a desplazarse hasta Puerto Madero para solucionar una avería en principio fácilmente reparable.
No obstante, con el paso de los días, Vann se fue dando cuenta de la gravedad del asunto, intentando negociar con criminales la obtención de materiales para reparar el barco, evitando en el día a día los atracos menores de pillos que merodeaban su barco e incluso ayudando a prostitutas golpeadas por la miseria de la zona.
Echando la vista atrás, el autor norteamericano ha asegurado en una entrevista con Europa Press que se trató de una experiencia "muy divertida", aunque en aquel momento no pensara "ni siquiera en que la historia podía dar hasta para un libro".
"Lo más divertido es lo tonto que fui en aquel momento y cómo subestimé el peligro del lugar, incluso agitando dinero para encontrar soluciones. Me dan ganas de volver y zarandearme para decirme '¡despierta, qué estás haciendo!", ha señalado Vann, quien todavía reconoce que no sabe "qué ocurrió allí".
REGRESO DIEZ AÑOS DESPUÉS
Vann regresó diez años después de este incidente (y dos después de haber escrito el libro) a la misma zona, para escribir un reportaje sobre un capitán de barco de California que había sido asesinado y cuyo cadáver había aparecido completamente desnudo.
Allí pudo reencontrarse con uno de sus personajes, Santiago (Vann no recuerda si todos los nombres eran los originales), quien se mostró "un poco temeroso" porque "posiblemente recordaba la relación un poco difícil" que mantuvieron. Santiago le contó que el resto de personas que aparecen en su novela estaban muertos, lo que el escritor atribuye a que "en el mundo de las drogas nadie es invencible, todos mueren".
Sin embargo, sí que había otro cambio importante que a Vann le hizo sonreir: Puerto Madero se había convertido durante ese largo periodo de tiempo en una parada para cruceros. "Ahora parece un sitio divertido, pero si me lo llegan a decir cuando estaba antes...no sé a quien se le pudo ocurrir que ese era un buen sitio para cruceros", ha ironizado.
"No pude saber quién era mi amigo y quien no, incluso quien yo pensaba que me estaba ayudando, luego era quien me robaba material", ha señalado. De hecho, el escritor cuenta en el libro que su mote era 'El cajero automático', algo que a su entender muestra que su figura era "una broma a lo largo de 20 kilómetros".
BOMBA DE INYECTORES Y MAÑANA
Esta estancia, similar a una pesadilla, también le sirvió para aprender a comunicarse en español, aunque con algunas palabras que hoy no utilizaría igual. "Lo primero que aprendí a decir fue 'bomba de inyectores' y 'necesito mecánico' y, más tarde, aprendí la palabra 'mañana', pero como un mañana que nunca llegaba", ha bromeado.
'Cocodrilo' se ha publicado en lengua española antes que en cualquier otro idioma, una decisión que el autor justifica en el hecho de que fue "una experiencia en español", además de la dificultad de encontrar hueco en el mercado anglosajón.
"No hay mucha esperanza para este libro en inglés, la verdad, quizás si recibe un apoyo aquí pueda ayudar a que crezca el interés. Pero si sigo escribiendo ficción, allí publicarán cada año un libro mío, y nunca publicarán la no ficción. Es así", ha lamentado.
DEFENSOR DE LA NO FICCIÓN
En este sentido, Vann, quien tiene previsto publicar un nuevo libro sobre la figura de Medea y la tragedia griega, ha defendido los trabajos de no ficción, recordando que el último premio Nobel de Literatura ha ido a parar a una periodista.
"En Francia, por ejemplo, ven este género como algo de menor ambición respecto a la novela, y ya es hora de cambiar esta forma de pensar. Cuando trabajas con la no ficción, no se puede cambiar nada de los acontecimientos y debes encontrar la manera de encajar las piezas, es mucho más difícil", ha concluido.