Caballero Bonald afirma que, aunque de la poesía "hay que esperar muy poco, cura de los acosos de la vida y la historia"

"La poesía no hay que entenderla del todo, sino que basta con que el lector abra una puerta y se asome a un mundo desconocido", opinó

Europa Press Cultura
Actualizado: viernes, 15 febrero 2008 17:25

SEVILLA, 15 Feb. (EUROPA PRESS) -

El escritor jerezano José Manuel Caballero Bonald, Premio Nacional de las Letras Españolas 2005, aseguró hoy que, aunque de la poesía "hay que esperar muy poco, puede curar de los acosos de la vida y la historia".

Durante su intervención en el II Congreso Factor Humano, organizado por la Universidad de Sevilla, titulada 'El poder salvador de la poesía', el poeta afirmó que la poesía "tiene poder curativo, lenitivo", señalando que a él "le ha curado de muchos acosos de la historia y de la vida, del mundo encrespado y hostil, lleno de insolidaridad, injusticia y crueldad en el que vivimos".

"En un época de eufemismos, de frases encubridoras de la verdad como 'fuego amigo' o 'ataques preventivos' que intentan bajar una cortina entre lo que se piensa y lo que se escribe, a mi me ha salvado la palabra", insistió.

A Caballero Bonald, que lleva unos 60 años desempeñando el oficio de la escritura, "siempre" le ha preocupado la "capacidad de la palabra para nombrar objetos", algo que en nuestros días "se está olvidando".

El autor, que acompañó su intervención de una lectura poética en la que declamó composiciones de diferentes obras, reveló que no le gusta la poesía realista, ya que es de la opinión de que la poesía "no hay que entenderla del todo, sino que basta con que el lector abra una puerta y se asome a un mundo desconocido que enriquezca su sensibilidad".

Así, describió la "emoción" que sintió el día en que cayó en sus manos la segunda Antología Poética de Juan Ramón Jiménez. "Se trataba de unos versos muy herméticos pero que me produjeron una emoción como nunca había sentido antes, porque entendí que allí estaba latente lo que era la poesía y que eso era lo que yo quería hacer". "Desde entonces, Juan Ramón es mi gran maestro", indicó.

De otra parte, el autor de 'Manual de Infractores' o 'Descrédito del héroe', mostró su "absoluta confianza" en que la sensibilidad del lector es "inagotable", siendo ésta lo que "justifica" un poema, ya que, al escribir, el poeta intenta que las palabras que usa "tengan un significado más intenso que el que aparece en el diccionario".

En este sentido, señaló que la poesía puede definirse como una "mezcla de música y matemáticas". "Por un lado, un poema sin música está perdido, resulta trabajoso de asimilar para el lector y, por otro, necesita de una estructura perfectamente meditada y medida que lo vincula con las matemáticas".

Reflexionando sobre las emociones positivas y negativas que puede despertar la poesía, Caballero Bonald afirmó que "la moral, la verdad y todos esos términos tan solemnes no tienen nada que ver con la literatura". Así, apuntó que "puede haber un gran libro que desde el punto de vista de la moral sea inaceptable".

"DETESTO A LOS GREGARIOS Y A LOS SUMISOS".

Preguntado por el profesor de Filología y Literatura de la Universidad de Sevilla Miguel Ángel Cuevas, el poeta confesó que "detesta a los gregarios y a los sumisos" y resaltó que la "gran literatura está hecha por los grandes desobedientes con su propia tradición literaria".

Este sentimiento se refleja, según el poeta, especialmente en su obra 'Manual de Infractores', una suerte de libro "testamentario" en el que recogió su "rechazo a los espacios parasitarios del franquismo que sonaban en aquel entonces y que todavía hoy están presentes en muchos aspectos".

Intentando definir al escritor, Caballero Bonald sugirió que es un "saco sin fondo", un "almacén que va acumulando lo que ve, inconscientemente, aunque no lo anote, para después sacarlo de sí o no". "Hay que vivir mucho, hay que vivirlo todo para escribir el primer verso del primer poema", aseveró.

"DISTANCIADO" DEL "FLAMENCO NUEVO".

Aficionado "precoz" al Flamenco, tal y como se confesó, el jerezano comentó que "siempre" le atrajo "ese mundo marginal de los gitanos y las tabernas" que aún hoy despierta "cierto rechazo si no es admitido en festejos elegantes".

"El Flamenco es una protesta sin destinatario --puntualizó--, con letras recorridas por la tristeza, la libertad, la cárcel, la madre o la compañera, pero que hoy, cuando los flamencos tienen doble residencia y coches de lujo, ha perdido su razón de ser".

Aunque el literato mostró su "absoluto respeto" por la innovación en el cante jondo, indicó que se encuentra "un poco distanciado del nuevo flamenco". "Estoy muy viejo para las fusiones modernas, lo que no quiere decir que sea un purista, porque yo no soy purista de nada".

Contenido patrocinado