MADRID, 9 Mar. (EUROPA PRESS) -
La obra 'Ernestina de Champourcin: Mujer y Cultura en el siglo XX' que se presentó hoy en el Ateneo de Madrid, recupera del olvido la figura de esta poetisa que "prefería ser llamada poeta", a la que su verso "tremendamente intimista, su exilio (...) su forma de ser poco dada a figurar" y su propia "condición de mujer" sumieron en un "silencio" que llegó a difuminar su reconocida pertenencia a la Generación del 27.
Editado por Biblioteca Nueva, coordinado por los expertos en Literatura del siglo XX y exilio republicano, Rosa Fernández Urtasun y José Ángel Ascunce, y prologado por el catedrático de Historia Contemporánea de la UPV/EHU Santiago de Pablo, el libro recoge las aportaciones presentadas al Congreso Internacional sobre Ernestina de Champourcin (Vitoria 1905 - Madrid 1999) celebrado en Vitoria-Gasteiz en octubre de 2005, y repasa la biografía del autora a la par que analiza su obra y su tiempo.
Según explicó De Pablo en el acto de presentación, este trabajo persigue "hacer justicia" sobre la memoria de la escritora, cuya historia vital "resume toda la historia trágica de la España de la época". En este sentido, para conmemorar su centenario, se han sucedido los actos de homenaje en distintas ciudades españolas, especialmente en Vitoria, donde se ha descubierto una placa con su nombre en el lugar donde nació, y se han celebrado conferencias en torno a su figura con expertos estadounidenses, mexicanos y franceses.
El libro, que pone el colofón a estos actos, tiene 432 páginas estructuradas en dos grandes áreas, la que se ocupa de la biografía en sí de la escritora y la que analiza su contexto histórico y literario. Rosa Fernández Urtasun, destacó el artículo que firma Juan Cano Ballesta, experto en la Generación del 27, donde "se puede ver cómo la poesía de Ernestina de Champourcin se adelantó al cambio" que sufriría con su evolución la literatura del 27.
Asimismo, "es interesante ver" en la parte dedicada al contexto literario "cómo hay otras mujeres como Champourcin" y, sin embargo, "su calidad en relación" a todas ellas porque, destacó la experta, "siguió escribiendo a pesar del exilio y mantuvo su convicción de que es a través de la poesía como se expresan los sentimientos", frente a otros casos en los que la obra se extingue "cuando empiezan los problemas".
FEMINISTA Y DEL OPUS
Nacida en el seno de una familia noble y próxima a la monarquía, se inclinó siempre por la Izquierda, se casó en pleno asedio de Madrid en 1936 con un hombre de Azaña y tuvo que exiliarse con él en México cuando se implantó en España la dictadura. Allí abrazó sus convicciones religiosas y entró en el Opus Dei, que, según explicó Jaime Lamo de Espinosa, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid y sobrino de la escritora, "la acompañó en los últimos días de su vida" en Madrid, cuidad a la que había regresado, viuda, en 1972.
Lamo explicó que la escritora "un día rompió con todo" incluida su familia, e hizo "una apuesta fuerte" por "su marido", el poeta y secretario de Manuel Azaña, Juan José Domenchina, "hasta el punto de que, cuando éste muere, ella renuncia a sí y se dedica a consagrar la obra del difunto".
Respecto a su vuelta del exilio, los expertos coinciden en que fue temprana, (1972) en términos de "estrategia mediática" pues habría tenido "mucha más acogida" si hubiera regresado ya implantada la democracia y arropada "por la Izquierda". Una vez en España, "se le llegó incluso a discutir su pertenencia a la generación del 27" algo que ella "prefería atribuir al machismo español aunque era un problema de ideología y de orígenes".
Prueba de este olvido en que se sumió su obra es que, según explicó Lamo, cuando falleció Rafael Alberti, los medios de comunicación le llamaron "el último poeta del 27", pese a que Ernestina de Champourcin aún no había muerto. "Muerta ya, nadie le niega la gloria que se le discutió en vida", concluyó su sobrino.