Cancellara (CSC) tiñe aún más de amarillo su liderato en la 'etapa-maratón'

Actualizado 10/07/2007 21:25:28 CET

COMPIEGNE (FRANCIA), 10 Jul. (EUROPA PRESS) -

El corredor suizo Fabian Cancellara, del CSC, se impuso hoy al sprint en la tercera etapa del Tour de Francia, disputada entre Waregem y Compiegne sobre 236,5 kilómetros, por delante del grupo de velocistas puros, entre ellos el alemán Erik Zabel (Milram) y el italiano Danilo Napolitano (Lampre), segundo y tercero.

Fabian Cancellara (CSC) sumó su segundo triunfo en la presente edición tras el del prólogo en Londres y consolida el jersey amarillo de líder de la clasificación general, después de la 'etapa-maratón' de 2007, puro esperpento representado por un pelotón que acumuló más de una hora de retraso.

El reloj se le paró hoy a los corredores del Tour. Con la mirada en el horizonte de Compiegne, el punto de partida de la París-Roubaix, la clásica de las clásicas, el 'Infierno del Norte', la de los terribles tramos adoquinados de cada segundo domingo de abril, los ciclistas se declararon en huelga de bicicletas caídas.

Fue una de las etapas más lentas de la historia del Tour en la última década, tan sólo superada por la marcha neutralizada en dirección a Aix-les-Bains en aquel 'maldito' año de 1998.

La jornada se prestó a la cháchara y los comentarios sobre la multitudinaria caída de la víspera, a escasos 200 pasos del lugar en el que el 'pistard' español Isaac Gálvez vio desparramada su vida sobre el parqué en un golpe de infortunio.

La 'montonera' no produjo -pese al espectáculo de radios retorcidos, tubulares rotos, ciclistas contra las vallas que coloca la organización, magullados sus músculos de piedra, 'maillots' hechos trizas- secuelas de envergadura.

Ni siquiera el propio líder, Cancellara, imagen de puro dolor en la meta, agarrada la muñeca golpeada bruscamente contra el asfalto, se hizo más de lo corriente. Hoy el jersey amarillo regalaba sonrisas a aquel que quisiera escucharle mientras dos franceses, Matthieu Ladagnous (Française des Jeux) y Nicolas Vogondy (Ag2R), marchaban en fuga y antes de saber, incluso, que ganaría.

El dúo había arrancado en el kilómetro 6 sin apenas convicción y, aún así, acumuló 13 minutos de renta rodando con el plato pequeño, un simulacro de entrenamiento -tan sólo se recorrieron 32 kilómetros en la primera jora- por delante y por detrás, donde hasta al mismo Óscar Freire se le veía fresco pese al forúnculo que le lleva a maltraer.

RETRASO MAYÚSCULO

El retraso del pelotón del Tour, el de las bicicletas hoy caídas, empezó a ser mayúsculo. Apenas movió un músculo cuando, con algo más de 50 kilómetros para la meta, el francés Stephane Augé (Cofidis) y el belga Frederik Willems (Liquigas) convirtieron el dúo en un cuarteto de escapados.

El cuarteto escaló la Cote de Blerancourt, defendió con garra el puñado de minutos con los que contaba en los kilómetros finales y parecía que iba a tener botín su esfuerzo. Emergió, entonces, Cancellara con su túnica dorada, atrapando a los fugados, primero, y cogiendo a contrapié, después, a los velocistas en el zig zag empedrado último.

Esta vez no entró con la mano cosida a la muñeca como el día anterior sino con los brazos en cruz y el dedo índice al aire. Fue en el día de las bicicletas caídas y en el que demostró que es el número uno, el más fuerte, hasta que las míticas cumbres asomen más allá de Compiegne, el banderazo de salida de la París-Roubaix, y del bosque de Arenberg.

Mañana, se disputa la cuarta etapa, entre Villers-Cotterets y Joigny sobre 193 kilómetros y en la que el pelotón deberá ascender cuatro 'tachuelas' de cuarta categoría, la última la Cote de Bel-Air a casi 50 kilómetros de la meta.