SALZBURGO (AUSTRIA), 14 Jun. (EUROPA PRESS) -
La vigente campeona de Europa, la selección griega, se despidió a las primeras de cambió de la competición que hace tan sólo cuatro años la encumbró, tras caer derrotada frente a Rusia (0-1) en un partido en el que el equipo heleno abusó de un fútbol directo y previsible que en esta ocasión no obtuvo premio.
Con este resultado, el conjunto de Otto Rehaggel, que no ha sido capaz de anotar ni un solo tanto, se queda sin opciones matemáticas de alcanzar los cuartos de final y provoca, además, que España se asegure la primera plaza del grupo D, lo que permite a los de Luis Aragonés evitar a una de las selecciones que mejores sensaciones está dejando en este inicio de competición, Holanda.
De esta manera, el partido que cerrará esta fase de grupos entre España y Grecia será ya intrascendente y sólo servirá para que el seleccionador nacional pueda dar minutos a los no habituales. Por su parte, Rusia, sostenida en todo momento por un gran Pavlyuchenko, obtiene un triunfo vital en sus aspiraciones y se jugará el pase a la segunda fase frente a Suecia, con la que iguala a tres puntos.
Pese a la dura derrota frente a España en la que tan mal parada salió la zaga rusa, el seleccionador Guus Hiddink no llevó a cabo la revolución defensiva que algunos esperaban y tan sólo Shirokov, que fue sustituido por Ignashecich en el centro de la retaguardia, pagó los platos rotos del mal comienzo.
Lo cierto es que con un bloque prácticamente idéntico al que hiciera su debut en la competición el pasado martes y con las mismas premisas en su fútbol, buen trato del balón y tratar de sorprender con disparos desde la frontal, el resultado fue bien distinto.
Desde el comienzo, los soviéticos fueron capaces de desarbolar una defensa helena muy diferente en estos dos primeros partidos a la que tan buenos resultados dio hace cuatro años en la Eurocopa de Portugal, y que terminaría por llevar a este equipo a lo más alto del fútbol europeo. En esta ocasión, sin embargo, un gran Pavlyuchenko sirvió para poner en problemas una y otra vez la portería defendida por Nikopolidis.
Y es que el conjunto ruso, como era de esperar, llevó durante mayor tiempo el peso del juego, algo que logró traducir en claras ocasiones que le podrían haber llevado a conseguir una mayor renta al descanso. Sin embargo, el gol para los de Hiddink no llegaría hasta el minuto 33, después de una mala salida del guardameta del Olympiakos, que fue aprovechada por Semak para ceder atrás para que el omnipresente Zyrianov empujara a placer.
El gol sentó como un jarro de agua fría a Grecia, que se limitó a presenciar el aluvión griego en los minutos posteriores al tanto del delantero del Zenit. Los de Otto Rehhagel sólo eran capaces de crear peligro a balón parado y pese a contar con un once algo más ofensivo, que el dispuesto contra Suecia, con Charisteas, Liberopoulos y Amanatidis en ataque, apenas dispuso de ocasiones.
GRECIA SE PIERDE EN SU FÚTBOL PREVISIBLE
Por ello, el tanto ruso era un doble castigo para la escuadra helena, que volvió a evidenciar sus problemas en la creación cuando el marcador impide practicar su defensivo fútbol. Sólo algún tiro lejano de Basinas y la siempre peligrosidad cuando la jugada nace tras el pitido del árbitro, inquietaron a una hoy mejor versión de la zaga rusa.
Así, pese a mejores intenciones de los griegos tras la reanudación, los de Rehhagel no fueron capaces de igualar a un cuadro ruso que se mostraba cada vez más cómodo bajo este guión, con rápidas contras aprovechando la velocidad de sus hombres en el centro del campo, que habilitaban una y otra vez a los disparos de su cañonero, Pavlyuchenko.
Finalmente, el gol del empate no llegó y los griegos pusieron punto y final, a falta de ese intrascendente encuentro con España, a su andadura en esta Eurocopa, precisamente ante el único equipo que fue capaz de doblegarles en la cita de Portugal.