MADRID 1 (EUROPA PRESS)
La higiene es una parte clave de la salud de las personas, donde la ducha proporciona no solo limpieza, sino además un espacio donde uno se puede relajar. Con frecuencia se escucha la opinión popular de que una ducha debería ser parte de una rutina diaria, pero esto no siempre es aplicable.
A raíz de los cambios que puede experimentar el cuerpo después de cumplir los 65 años, la rutina cotidiana también se ve obligada a adaptarse. La actividad disminuye, la piel se vuelve más frágil y se tiene que tener más cuidado a la hora de la higiene personal.
SE PUEDE REDUCIR LA FRECUENCIA DE LAS DUCHAS
A partir de esta edad, la piel se vuelve más delicada, por lo que los expertos de la clínica de láser de Salisbury recomiendan reducir la frecuencia de duchas diarias a dos o tres por semana. Sin embargo, esto no quiere decir que se deje de hacer un lavado diario, por lo que también se aconseja que las personas mayores limpien diariamente sus caras, axilas, pies y zonas íntimas para prevenir infecciones, malos olores o molestias.
Esto también debe adaptarse dependiendo de las necesidades individuales de cada persona. Se puede necesitar más duchas si se hace mucho ejercicio, se vive en un clima caluroso o se ha recibido recomendaciones de un médico. Para las personas mayores con movilidad reducida, con piel especialmente sensible, que presentan un riesgo real de caída o padecen otras condiciones relacionadas, la frecuencia puede verse reducida en favor de la higiene localizada.
¿POR QUÉ DISMINUYE LA FRECUENCIA?
Conforme se va avanzando en edad, la piel se adelgaza, empieza a producir menos sebo natural, pierde elasticidad y las células se renuevan con mayor lentitud. Las duchas diarias pueden eliminar la barrera protectora de la piel, lo que puede aumentar la sequedad y generar picores, irritación y grietas, y por lo que se aconseja reducir su frecuencia.
Además, las duchas pueden presentar un riesgo de caída para las personas mayores, especialmente para aquellas que solo disponen de una bañera. Por ello, disminuir la cantidad de duchas semanales puede ahorrar energía física y mental, especialmente para aquellas personas que tienen movilidad reducida.