Un tren de la compañía Iryo. - IRYO
MADRID 15 Oct. (EUROPA PRESS) -
El gasto medio en transporte de los hogares españoles se ha disparado en casi 900 euros en una década, al pasar de 3.158 euros en 2015 a 4.020 euros en 2025, aunque su peso sobre el presupuesto familiar se mantiene en el 11,5%.
Así lo refleja un estudio elaborado por EAE Business School, que sitúa "la pobreza de movilidad" entre las principales consecuencias de las desigualdades en el acceso al transporte.
Esta situación puede darse cuando el coste de desplazarse supone una carga excesiva, pero también cuando una persona no puede moverse lo suficiente y se ve obligada a reducir desplazamientos o renunciar a oportunidades. Por ello, gastar menos en transporte no siempre significa ser menos vulnerable.
El lugar de residencia, señala el estudio, publicado este jueves, es uno de los factores que más condiciona esta situación.
En concreto, en 2025, el automóvil fue el principal medio de transporte para el 73,5% de las personas que viven en municipios de menos de 10.000 habitantes, frente al 29,6% en los municipios de mayor tamaño.
Sin embargo, la situación se invierte con el transporte público, utilizado como principal medio por el 48,8% de los residentes en los municipios más poblados, frente a solo el 10,9% en los más pequeños.
En este contexto, EAE Business School dibuja un modelo dual: grandes áreas urbanas con distintas alternativas de movilidad y territorios periféricos o rurales donde el coche puede convertirse en una necesidad.
En estos casos, añade, reducir el gasto en transporte puede significar también limitar los desplazamientos y el acceso a oportunidades.
Según el informe, esta realidad afecta especialmente al empleo: una mala conexión puede hacer que un puesto de trabajo resulte económicamente inaccesible, incluso cuando el salario es atractivo. Por eso, el impacto de la movilidad no depende solo de la renta, sino también de la distancia y de las alternativas disponibles.
El informe también vincula vivienda y movilidad. Así, concluye que una vivienda más barata pero alejada de los centros de empleo puede generar un mayor coste de desplazamiento, de modo que parte del ahorro en vivienda termine trasladándose al transporte.
Asimismo, más allá de su impacto en las familias, el coste del transporte también repercute en el conjunto de la economía. España presenta una elevada dependencia de la carretera para el transporte de mercancías, con 272.000 millones de toneladas-kilómetro y alrededor del 15% del total de la Unión Europea.
Así, el transporte no solo forma parte del IPC, sino que también influye en el precio de otros bienes y servicios. Ante este escenario, el informe apuesta por ampliar las alternativas de movilidad, especialmente para quienes tienen menos ingresos, recorren mayores distancias y dependen más del coche.