Completar el Camino de Santiago en sillas de ruedas todoterreno

Cuatro peregrinos en silla de ruedas y voluntarios de la Orden de Malta
ORDEN DE MALTA
Publicado 10/08/2018 11:05:35CET

   MADRID, 10 Ago. (EUROPA PRESS) -

   Un total de cuatro personas con discapacidad física han completado esta semana el Camino de Santiago, tras recorrer 115 kilómetros en sillas de ruedas todoterreno con la ayuda de veinte voluntarios de la Orden de Malta.

   Durante siete días, el grupo ha peregrinado por poblaciones vinculadas a la Orden de Malta, como Villalcázar de Sirga, el punto de partida, Puertomarín u Hospital de Órbigo y se ha alojado en albergues accesibles.

   En lugar de la silla de ruedas tradicional, las personas con discapacidad han realizado cada una de las etapas --de unos 15 kilómetros de media-- en sillas mono-rueda todoterreno, tiradas por dos personas, una en la parte delantera y otra en la trasera, con el apoyo de otras dos en los laterales. Este era el tercer año que realizaban esta experiencia.

   "El primer año lo hicimos con sillas normales, una eléctrica y otra normal, pero fue muy duro y muy peligroso para ellos porque los caminos no están adaptados y teníamos que salir de ellos e ir a la carretera, con los peligros de atropello", explica a Europa Press el coordinador de la peregrinación, Carlos Ortiz.

   Después de esa ocasión, investigaron a través de Internet y les prestaron dos sillas todoterreno monorueda. Tras probarlas, consiguieron fondos para comprar cuatro de estas sillas.

   Además de las dificultades propias del camino pedregoso y con cuestas, Ortiz explica que uno de los principales problemas que se encuentran las personas con discapacidad en esta ruta es el escaso número de albergues adaptados. Los que lo están, suelen tener solo un aseo para personas con discapacidad.

   Por ello, según reconoce, es "poco habitual" cruzarse en el camino con otras personas en silla de ruedas. Ellos solo se han encontrado con un chico italiano en una silla normal.

   Dentro de la Orden de Malta siempre habían deseado organizar esta peregrinación con personas con discapacidad porque "el Camino de Santiago es la peregrinación española más importante". Por ello, un día se reunieron y dijeron: "Vamos a hacerlo".

   Para este grupo también era muy importante el aspecto "espiritual" de la peregrinación por lo que lo han "cuidado mucho" con misa y rezos diarios, basándose en la estrella de ocho puntas de la Orden de Malta, que refleja las ocho bienaventuranzas.

   Tras 115 kilómetros, el sonido de las gaitas, sonrisas y aplausos reciben en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela a los cuatro peregrinos en sillas de ruedas y a los veinte voluntarios que les acompañan. Todos ellos guardan unos minutos de silencio antes de llegar para vivirlo "más intensamente".

   Gonzalo Cánovas del Castillo, de 35 años, llega en una de las cuatro sillas todoterreno "emocionado" y dando las "gracias" por esta "fantástica oportunidad de hacer algo que de otro modo no hubiera podido realizar".

   Además de la experiencia de convivir con los compañeros de ruta, el joven destaca lo "maravilloso" de haber podido conocer el norte de España, ya que él es de Málaga, y compartir esta experiencia "de fe" con gente de diferentes provincias de España, como Córdoba, Valencia, País Vasco, Madrid e Italia. "Hemos convivido, reído, lo hemos pasado bien, hemos compartido un montón de cosas", recuerda.

   LA OLA DE CALOR y LA ACCESIBILIDAD

   Al principio, reconoce que el camino fue "pesado" por la zona de Palencia y León por la ola de calor, pero asegura que los voluntarios que les acompañaban siembre estaban "pendientes" de ir por la sombra y de que no les faltara agua o fruta para llevarlo mejor. Además, veían la "fatiga" de los que les llevaban aunque esa cercanía también ha permitido crear un "vínculo fuerte" entre ellos.

   Este era el tercer año que Gonzalo Cánovas intentaba hacer el Camino porque los anteriores no pudo por problemas de salud. Además, fue uno de los primeros en probar las sillas de ruedas todoterreno. "He comprobado que con las piedras y el terreno irregular, yo en mi silla de ruedas no hubiera podido", afirma.

   Sobre los problemas que las personas con discapacidad física se encuentran en la ruta, Cánovas insiste en que "estaría bien que hubiera más albergues adaptados" así como zonas "específicamente señalizadas para sillas de ruedas donde el terreno esté preparado".

   En cualquier caso, no duda en animar a otras personas con discapacidad física que "estén pensando" hacer el Camino de Santiago así como a otras organizaciones para que programen este tipo de peregrinaciones porque "a pesar de las dificultades", Cánovas asegura que son muchas las personas "con buena voluntad".