MADRID 9 Abr. (EUROPA PRESS) -
El 3 de marzo de 2005, un autobús escolar que llevaba a 57 niñas del colegio a su casa quedó sin conductor cuando iba a incorporarse a la N-VI. En ese momento, la monitora de ruta, Nieves González, tuvo la sangre fría de hacerse con el volante y detener el vehículo, aunque resultó herida. Dos años después del accidente, sin poder trabajar debido a sus lesiones, denuncia que no ha recibido ningún tipo de reconocimiento ni de indemnización por lo que hizo.
Muchos de los periódicos de entonces que recogieron la noticia dijeron que el autobús, lleno de niñas de entre cinco y 16 años, circuló marcha atrás 200 metros sin conductor, olvidando que hubo una mujer que, en cuanto que vio que al conductor se le abría la puerta y caía fuera, saltó sobre los mandos y logró detener el vehículo.
Ese día, "como siempre", el autobús salió del colegio Mater Salvatore a las cinco de la tarde, con 57 niñas. El susto llegó un cuarto de hora después, cuando el autobús dejó la carretera de Castilla y enfiló la cuesta que une esa vía con la A-6. "Al incorporarnos a la carretera de la Coruña, veo que se le abre la puerta al conductor y se cae", recordó Nieves.
Por lo visto, la puerta se cerraba mal, el conductor iba apoyado en ella y, al tomar la curva al doble de la velocidad permitida, la puerta se abrió y, "de la inercia", el hombre salió despedido fuera del vehículo. "En una pendiente que tienes que ir a treinta por hora, él iba a sesenta", afirmó en declaraciones a Europa Press.
En ese instante, Nieves, que viajaba sentada en el sillón del acompañante, se dio cuenta de que el autobús se dirigía a la nacional seis, con todo el tráfico que pasa por la carretera a esas horas, sin conductor, y saltó sobre el volante. "No recuerdo mucho, recuerdo que lo único que quería era parar el autobús como fuera", agregó.
Sin embargo, como comprobó Nieves al hacerse con los mandos del vehículo, un autobús no se maneja ni mucho menos como un coche. Intentó buscar el freno de mano, pero no lo encontró y la única manera que se le ocurrió de evitar que el autobús entrara en la nacional seis fue "dar un volantazo" y pegarse a la mediana.
CAYÓ 200 METROS MARCHA ATRÁS
El autobús detuvo su marcha pero, al no estar frenado y haberse parado en una cuesta pronunciada, se precipitó marcha atrás por la conexión de la carretera de Castilla y la nacional seis a gran velocidad. Nieves, de pie, manejó el volante para intentar esquivar los vehículos que subían por la cuesta, pintándoles. "Dicen que las niñas gritaban mucho, pero yo no me enteré de nada", reconoció.
"Por mucho que intentaba controlar y frenar el autobús, no podía", dijo. Durante 200 metros, trató de alcanzar el freno y detener el vehículo. Cuando por fin lo consiguió, el autobús ya había irrumpido en la carretera de Castilla en plena hora punta y se había rozado con algunos vehículos. "El autobús no volcó porque yo cogí el volante y fui girándolo hasta que se frenó", recordó.
Como conducía de pie y el autobús frenó de golpe, Nieves salió despedida y se hizo daño en la espalda, las cervicales y las rodillas, lesiones por las que ya se ha sometido a tres operaciones. "Tengo las rodillas que me han dicho que voy a quedar mal", se quejó.
Ahora, dos años después de todo aquello, Nieves está de baja porque no puede trabajar, ya que todavía se mueve con muletas, pero denuncia que no ha recibido ningún tipo de indemnización por el accidente, y lo que a ella le molesta más, tampoco se ha reconocido su acto.
"NADIE SE INTERESÓ POR ELLA"
"Nadie se interesaba en cómo bajó ese autobús y cómo se paró y Nieves no va a poder seguir trabajando y no le llega a la pensión mínima", se quejó el marido de Nieves, José María Márquez. "¿Qué culpa tiene de que el conductor entrara tan fuerte en esa curva, de que la puerta estuviera mal cerrada, si ella hizo lo que pudo para minimizar los daños?, se preguntó.
José María y Nieves denunciaron los hechos tres meses después del accidente, "tarde", según reconocen, porque no querían "hacer mucho ruido", pero ahora se siente indignados porque nadie les haya dado ningún reconocimiento y han decidido, en pleno proceso de instrucción del juicio, hablar de lo que pasó.
Hace un tiempo, José María envió a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, un escrito para que su mujer "recibiera una mención, para animarla un poquito", pero tampoco han recibido ninguna contestación. "No recibimos ni los buenos días", criticó José María.