Existen datos de ponen de relieve que en España existe un uso elevado de sujeciones físicas y químicas en personas mayores dependientes institucionalizadas. Se calcula que la cifra de personas que viven en residencias y que son sometidas diariamente a sujeciones puede superar los 300.000.
El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer y ya nadie duda de que esta enfermedad merece un día mundial de reflexión, dadas las connotaciones sociales, sanitarias y económicas que tiene.
Desde el 'Programa Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer', tras cuatro de años de reflexión y análisis, hemos llegado a la conclusión de que hoy tenemos suficientes evidencias de que las sujeciones son evitables en la mayoría de los casos y también de que son medidas que suponen riesgos y efectos negativos para la salud, autonomía física y mental, y calidad de vida de estos enfermos. Hoy existen suficientes conocimientos para manejar los problemas de conducta de estas personas sin necesidad de recurrir a sujeciones.
El déficit cognitivo es el único predictor independiente del uso de sujeciones identificado en investigación. Quienes están cerca de un enfermo de Alzheimer, enfermedad que produce demencia, ya están familiarizados con este argot. Hablamos de que una persona que tiene la "suerte" de pasar por todas las fases naturales de la enfermedad, será indefectiblemente "atado" en algún momento y en algún lugar.
Un panel de expertos manifestó que en un centro de cuidados prolongados, donde suelen vivir los enfermos de Alzheimer cuando son institucionalizados, las sujeciones inevitables rondan el 3,6 por ciento. En un centro donde se sujeta a más del 30 por ciento de los enfermos de Alzheimer, ya no se puede seguir diciendo que sólo se usan las sujeciones inevitables.
En todo el mundo, también en España, existen 'Centros Libres de Sujeciones', lo que demuestra que es factible cuidar sin usarlas. Ésta es una realidad compatible con unos costes razonables, iguales a la mayoría de los centros.
Los familiares o los representantes legales de estos enfermos han de comprender que las sujeciones son medidas poco recomendables, que a medio plazo aumentan el riesgo de caídas y de desarrollar una amplia serie de complicaciones y problemas. Es necesario que tengan una actitud positiva para con los centros y sus responsables, asumiendo ciertos riesgos controlados, y asumiendo también que las instituciones para enfermos de Alzheimer no pueden ser remansos de paz.
Por su parte, los profesionales han de aceptar unas reglas de juego restrictivas para el uso de sujeciones, aceptando que no pueden usarse nunca por disciplina o conveniencia, o a la defensiva, por miedo a los conflictos con las familias o a litigios. También han de demostrar que controlan adecuadamente los riesgos de los enfermos que están a su cuidado. No podemos olvidar que son medidas que pueden vulnerar derechos fundamentales respetados a ultranza en el mundo desarrollado.
Así, en un escenario idóneo, con las actitudes adecuadas de todos se podrá hablar tajantemente de 'tolerancia cero' a las sujeciones, lo que llevará a erradicar una práctica que es una lacra para los enfermos, sus seres queridos y los profesionales sanitarios. Todos ganan.
Antonio Burgueño Torijano es médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y director del Programa Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer, de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores.