En Fundación Exit trabajamos desde el año 2000 para conseguir formar e insertar en el mercado laboral a jóvenes con fracaso escolar y en riesgo de exclusión social. En estos casi 10 años han pasado ya por nuestro proyecto más de 700 jóvenes lo cual nos da una cierta perspectiva.
En los últimos meses no obstante, el panorama ha cambiado radicalmente, cada vez son más los jóvenes que se acercan al proyecto y menos las empresas dispuestas a contratarlos. Un panorama negro*¿o no? Siendo optimistas creo que esta crisis puede tener un efecto positivo siempre y cuando seamos capaces de hacer las cosas bien.
Estos años de bonanza económica no se han traducido en una creación de "empleo de calidad". Nuestros jóvenes con un curso de formación ocupacional de unas 500 horas, y a pesar de no tener el graduado escolar, podían entrar a trabajar en empresas del sector de la construcción o de la hostelería (por ejemplo). Costaba convencerlos para realizar formaciones más largas que a medio/largo plazo les pudieran permitir acceder a mejores puestos de trabajo.
La llamada "generación Y" lo quiere todo aquí y ahora y la cultura del esfuerzo y la perseverancia no es uno de sus rasgos identificativos. En su favor hemos de decir que a menudo los jóvenes de nuestra entidad se enfrentan a situaciones personales y familiares de grave precariedad económica, por lo que la necesidad de conseguir un sueldo cuanto antes es imperiosa.
Los chicos y chicas que llegan ahora al proyecto tienen claro que la situación ha cambiado y que para encontrar trabajo es básico tener una buena formación. Los medios de comunicación se han encargado de hacerles saber que el colectivo al que está golpeando con más fuerza la crisis a nivel de desempleo son los jóvenes de entre 16 y 24 años.
La tasa de paro juvenil se disparó en el mes de agosto hasta el 39,2%, según datos Eurostat recogidos por el Instituto de Estudios Económicos (IEE). Un estudio de Adecco afirma que la tasa continuará creciendo hasta llegar al 42,1% al cierre del ejercicio.
Insisto: mirándolo en positivo tenemos como Sociedad la oportunidad de reaccionar y aprovechar esta circunstancia para mejorar la formación de nuestros jóvenes. ¿Las claves para conseguirlo? Que los políticos entiendan que la educación no puede ser un campo de batalla con cambios constantes de leyes y modelos educativos, que aumenten los recursos destinados a la educación, que la formación se ajuste más y mejor a la realidad del mercado laboral,
que los educadores recuperen la autoridad y estén más valorados y mejor remunerados...
¿El riesgo? Que no seamos capaces de reaccionar y los jóvenes se encuentren ante un panorama tan desesperanzador que haga que muchos tiren la toalla poniendo en peligro la cohesión social y la convivencia en los barrios. Ya tenemos algunos ejemplos preocupantes.
En este sentido me atrevo a afirmar que serán cada vez más necesarias las personas y entidades que conecten realidades que a menudo están demasiado distantes, con propuestas innovadoras que estimulen a los jóvenes y hagan despertar su espíritu emprendedor.
En un momento como el actual de fuerte cambio la formación reglada puede resultar excesivamente rígida y seguramente se tendrá que complementar con propuestas más flexibles que puedan dar respuesta al momento actual. Me gustaría acabar destacando el papel que pueden y han de desempeñar las entidades sociales en este contexto.
Tradicionalmente no siempre se nos ha tenido en cuenta en estas cuestiones pero creo que cada vez más las ONG de acción social nos vamos profesionalizando y algunas estamos consiguiendo establecer unas relaciones estratégicas con el mundo empresarial sin perder nunca el contacto con los jóvenes en situación más vulnerable. Una posición sin duda privilegiada que hemos de poner al servicio del mayor número posible de beneficiarios, tanto directos como indirectos.
Salvador Mas de Xaxas es presidente de la Fundación Exit.