SEVILLA 2 Abr. (EUROPA PRESS) -
El Museo de Bellas Artes de Sevilla contará para la exposición conmemorativa del cuarto centenario del fallecimiento del escultor barroco Juan de Mesa (Córdoba, 1583-Sevilla, 1627) con una talla de Virgen que el imaginero realizó hacia el final de su vida, en plena madurez creativa, que acaba de ser restaurada.
Se trata de 'La Virgen con el niño' --también conocida como 'La virgen de las Cuevas'--, una de las dos obras que el escultor aceptó el encargo de ejecutar para los retablos colaterales del coro de legos del monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, junto a un 'San Juan bautista', según se detalla en una nota difundida este jueves por la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía.
Dichas esculturas formarán parte de la referida exposición conmemorativa del cuarto centenario del fallecimiento del artista andaluz, que abrirá sus puertas en noviembre de 2026.
'La Virgen con el niño' es una escultura en madera de cedro que, según valoran desde la Consejería de Cultura, revela la "maestría" alcanzada por Juan de Mesa, quien la ejecutó tras quedar en suspenso en 1621 el encargo realizado inicialmente a su maestro, Juan Martínez Montañés.
Dos años más tarde, la propuesta fue otorgada al imaginero cordobés por el mismo dinero y en las mismas condiciones que al artista nacido en Alcalá la Real (Jaén).
Desde la Consejería puntualizan que la vinculación que muestra esta 'Virgen con niño' no se detiene ahí, ya que esta imagen ha sido relacionada con la 'Virgen con el Niño' que Montañés realizó para el Oratorio de San Isidoro del Campo, aunque "con diferencias formales y expresivas".
Igualmente, la escultura, de modelado magnífico y telas finamente estofadas, permite "apreciar la profunda huella que el artista jiennense dejó en su discípulo, si bien llevándola a un terreno de mayor realismo y barroquismo".
La imagen ahora restaurada, de tamaño inferior al natural y compuesta por tres grandes bloques unidos, conserva su policromía original, de tonos claros y con decoración de oro en los ropajes.
La pieza, según ha explicado el restaurador Ignacio Bolaños, "se encontraba, aunque en apariencia no se veía mal, en un estado deficiente". "Estaba ennegrecida por la suciedad y tenía los ensambles muy marcados. Cuando la estudiamos, además, con luz ultravioleta nos dimos cuenta de que había muchos repintes y restos de barnices oxidados que camuflaban la riqueza de la policromía, tanto las encarnaciones como los estofados", ha agregado.
DETALLES DE LA RESTAURACIÓN La restauración, que ha llevado casi un año de trabajo y que ha contado con la colaboración de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes de Sevilla, arrancó con los preceptivos estudios previos y radiográficos, análisis estratigráficos y la fotografía con luz ultravioleta, que permitieron "abordar el proceso con todas las garantías".
La intervención, que ha sido integral y ha sido llevada a cabo por Ignacio Bolaños, ha permitido fijar los estratos polícromos, limpiar los superficiales y eliminar la suciedad producida por repintes y barnices envejecidos.
El proceso de limpieza, relata Ignacio Bolaños, ha permitido devolver, por ejemplo, su primitivo tono al cantarito que porta el niño, que se veía de un color marrón oscuro, pero que la restauración ha permitido devolverle su color rojizo con unos pequeños motivos dorados, "simples pero muy bonitos, dejándolo lo más parecido a su aspecto original".
También se han recuperado las zonas donde faltaba oro o estaba desgastado con oro fino al agua, aunque limitándose solo a las zonas dañadas.
La intervención en el soporte ha consistido, según explica el conservador-restaurador, en la consolidación de grietas y fisuras, colocando chirlatas de madera en las aberturas de los ensambles, la inserción de espigas de madera en los orificios y la sustitución de tornillos industriales de metal por espigas de madera, todo ello en madera de cedro, la misma que la de la talla, lo que, según valoran desde la Consejería de Cultura, "redunda en una mejor conservación de la obra".
Posteriormente se estucaron todas las faltas de policromía, así como grietas, fisuras y zonas espigadas en la fase anterior, y después se procedió a la reintegración cromática con técnica acuosa, finalizando la intervención con la primera aplicación de barniz, el ajuste de color con pigmentos al barniz y una capa de protección final.
"La limpieza ha sido grande y activa", explica Ignacio Bolaños, sobre una escultura de la etapa de madurez de Juan de Mesa que, según subrayan desde la Consejería de Cultura, puede disfrutarse, junto a otras obras maestras del barroco andaluz, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.