Publicado 12/05/2022 11:10

El CICR alerta de que el periodo de escasez "podría desatar una catástrofe" y ahondar la crisis alimentaria en el Sahel

Archivo - El río Níger a su paso por la ciudad de Segou, en Malí.
Archivo - El río Níger a su paso por la ciudad de Segou, en Malí. - NICOLAS REMENELE PICTORIUM / ZUMA PRESS / CONTACTO

El organismo pide a la comunidad internacional "iniciativas para prestar atención" a millones de afectados

MADRID, 12 May. (EUROPA PRESS) -

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha alertado este jueves de que el próximo periodo de escasez de cultivos "podría desatar una catástrofe" en el Sahel, afectado por el conflicto armado y con 10,5 millones de personas en riesgo de pasar hambre en Burkina Faso, Malí, Mauritania y Níger.

"La violencia en el Sahel no solo exacerba la crisis alimentaria, sino que también, en muchos casos, la está provocando. La situación es extrema, y el período de escasez podría desatar una catástrofe si no se acuerdan iniciativas para prestar asistencia a los millones de personas afectadas", ha manifestado el director del CICR para África, Patrick Youssef.

Según los datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), al menos dos millones de personas se han visto desplazadas en estos países a causa del conflicto, con un 70 por ciento del total de afectados en Burkina Faso, donde la situación ha obligado a cerca de 1,8 millones de personas a huir de sus hogares.

Así, el CICR ha destacado que cuando una población en circunstancias frágiles se ve obligada a trasladarse, queda en una situación extremadamente vulnerable, especialmente por la pérdida del acceso a sus tierras para agricultura y ganadería, lo que provoca que comunidades enteras empiecen a depender de la asistencia humanitaria.

El organismo ha explicado que la situación es especialmente preocupante para las personas que están en zonas inaccesibles para las organizaciones humanitarias a causa de la inseguridad, un problema especialmente acentuado en Burkina Faso, donde las localidades de Pama, Mansila, Kelbo, Madjoari y Djibo hacen frente a un panorama "dramático".

La región hace además frente a los efectos negativos del cambio climático y a la mayor sequía de los últimos años, con niveles de precipitaciones a niveles comparables con la de 2011, que se saldó con miles de muertos. Níger y Mauritania han producido el 40 por ciento menos de alimentos que la media anual de los últimos cinco años, mientras que en Malí y Burkina Faso los descensos han sido del 15 y el diez por ciento, respectivamente.

Esta situación se produce en un contexto en el que más del 80 por ciento de los residentes en el Sahel dependen de la agricultura para vivir. En el caso de la zona maliense de la 'triple frontera' con Níger y Burkina Faso se ha perdido el 80 por ciento de las tierras cultivables en más de cien aldeas por la destrucción de campos y la huida de población.

El CICR ha hecho hincapié en que en las provincias burkinesas de Yatenga y Loroum se ha perdido un 90 por ciento del rendimiento, mientras que en el norte del país se ha perdido entre el 30 y el 50 por ciento de las tierras cultivadas por la inseguridad. A ello se suma que Burkina Faso hace frente a una crisis de agua, con ataques contra puntos de abastecimiento.

"En algunas partes de Burkina Faso se hacen filas de hasta 72 horas para acceder a pozos de perforación. La vida gira completamente en torno al acceso al agua. En caso de que la situación siga deteriorándose, estaremos frente a una posibilidad real de que personas y animales mueran de sed", ha detallado Youssef.

Asimismo, el conflicto ha alterado las rutas tradicionales de trashumancia. Los pastores de Mauritania solían migrar a Malí en busca de pasturas y agua. La violencia vuelve inaccesibles estas rutas tradicionales y, así, pone en riesgo el ganado y los medios de subsistencia.

"La respuesta debe llegar a todos aquellos que lo necesiten y concretarse mediante acciones que disminuyan las tensiones en lugar de agravarlas. Las organizaciones humanitarias deben poder realizar su labor con libertad y seguridad en estos contextos", ha manifestado Youssef.

"Si bien es imperioso responder a esta crisis, limitarnos a un pensamiento de emergencia generará una dependencia de la ayuda humanitaria, y el ciclo de sufrimiento se repetirá", ha valorado. "Los actores del ámbito del desarrollo, los gobiernos y las organizaciones humanitarias deben unirse para proponer soluciones nuevas y originales que fortalezcan los sistemas vigentes y aporten herramientas que ayuden a superar la dependencia de la ayuda humanitaria", ha zanjado.

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