SEUL 14 Abr. (EP/AP) -
El número dos de Corea del Norte, Kim Yong Nam, llamó hoy a aumentar la "fuerza disuasoria militar" de su país, en respuesta a la "hostilidad" de Estados Unidos, informó la Agencia Central de Noticias norcoreana (KCNA).
Generalmente, cuando Pyongyang alude a "fuerza disuasoria" se está refiriendo a armas nucleares. "La situación actual en la península coreana ha sido llevada a extremos por la viciosa y hostil política de Estados Unidos" hacia Corea del Norte, valoró Kim Yong Nam, quien simbólicamente es considerado como la cabeza del Estado, detrás en la línea de poder del líder Kim Jong Il.
Corea del Norte "tiene derecho, por autodefensa, a fortalecer su fuerza militar disuasoria cientos y miles de veces para encarar esta grave situación", afirmó.
Sus declaraciones hacen referencia a una reunión informal de seis países celebrada esta semana en Tokio, en un nuevo intento por tratar de conseguir que Corea del Norte renuncie a su programa nuclear. El encuentro no logró ningún avance con Pyongyang, que se encuentran en un punto muerto desde el pasado noviembre.
El Gobierno norcoreano no ha ocultado sus molestias después de que el principal negociador estadounidense, Christopher Hill, asistente de la Secretaria de Estado, se negara a reunirse en privado con su homólogo de Pyongyang. Hill argumentó que cualquier encuentro debería incorporar a los otros cuatro países implicados en las negociaciones: China, Japón, Rusia y Corea del Sur.
Antes de partir de Tokio ayer, el enviado de Corea del Norte, Kim Kye Gwan, lanzó una amenaza similar, en el sentido de que su país podría aprovechar un retraso en las conversaciones para volver a potenciar su "fuerza disuasoria".
"No es tan malo que se haya retrasado la reanudación de las conversaciones nucleares. Durante ese período, nosotros (Corea del Norte) crearemos más fuerza disuasoria", adelantó Kim Kye Gwan a la prensa.
Pyongyang asegura que tiene armas atómicas, pero esto no se ha podido verificar de forma independiente. Mientras, se enfrenta a sanciones financieras de Washington, que acusa al régimen comunista de falsificación monetaria, pero alega que ello no guarda relación con las conversaciones sobre su programa atómico.