Actualizado 17/02/2007 20:06 CET

Crónica Afganistán.- La coalición pierde aliados y gana enemigos con su política exclusivamente militar, según expertos

Los talibán pagan doce dólares al día a sus combatientes, diez más que el Ejército afgano

LONDRES, 17 Feb. (EUROPA PRESS) -

Los dos próximos meses serán clave para el futuro del sur de Afganistán, ya que la temida ofensiva de primavera talibán podría decantar la balanza definitivamente en contra de la coalición internacional y el Gobierno de Kabul, según concluye un informe del 'Senlis Council'. La política militar de la Fuerza Internacional de Asistencia para Afganistán (ISAF), denuncia el grupo de expertos, no recibe el respaldo de una acción decidida en favor de la empobrecida población civil y ni siquiera las víctimas civiles de los bombardeos aliados reciben la atención médica adecuada.

Tras la caída de Musa Qala, los talibán tienen ahora las grandes ciudades del sur en el punto de mira, unas aspiraciones que no son irreales sólo gracias a la política de la ISAF en el sur. El informe de los expertos, titulado 'Afganistán: perdiendo amigos y haciendo enemigos', concluye que la dramática pérdida de apoyo del Gobierno de Hamid Karzai y de las fuerzas de la coalición en las provincias del sur va en proporción directa con el cada vez mayor respaldo del que disfrutan las milicias talibán.

"Nuestras propias políticas nos han creado nuestros propios enemigos", afirmó la presidenta fundadora del 'Senlis Council', Norine MacDonald. Las políticas occidentales son las responsables de la "pobreza y el resentimiento" de la juventud afgana, unos hombres "que no pueden alimentar a sus familias y que son reclutados por los talibán con facilidad". "La comunidad internacional ha convertido el sur de Afganistán en un campamento de reclutamiento para los talibán", según MacDonald.

La pobreza es, pues, uno de los principales aliados de los talibán, ya que aunque los jóvenes afganos no compartan los ideales yihadistas de los militantes islamistas, éstos pagan a un miliciano doce dólares al día por combatir en sus filas, mientras que el Ejército de Kabul sólo da dos dólares por día a los reclutas. "Los talibán son un patrón muy competitivo, ofrecen un salario que ningún otro puede igualar", afirmó MacDonald. "Reclutan a nuevos milicianos con tanta facilidad porque la gente no puede alimentar a sus familias", dijo.

Además de la falta de recursos, la población civil del sur del país tiene una serie de agravios insatisfechos que no hacen más que legitimar a la insurgencia talibán. "Los reclutamientos de los talibán podrían frenarse sólo con que la comunidad internacional demostrase a las comunidades locales que está en el país para ayudar", aseguró MacDonald.

Muertos, heridos y desplazados son habituales entre la población civil afgana como consecuencia de los combates. Además, los programas de erradicación de plantaciones de amapola privan a los campesinos de su única fuente de ingresos. Sin ingresos, la comida y la ayuda humanitarias son fundamentales, pero la comunidad internacional tampoco suple como debería las necesidades de la población, una población que cada vez confía menos en el Gobierno de Karzai, a quien ven como un pelele de Estados Unidos, y que considera que no se respetan su cultura y sus tradiciones. A todo esto hay que sumar carencias básicas en sanidad y educación; en Afganistán apenas hay escuelas y hospitales y los pocos que hay a menudo están mal gestionados.

CONTRAINSURGENCIA

Las propias fuerzas contrainsurgentes son las primeras en incumplir las normas de la contrainsurgencia que subrayan la importancia de complementar la acción militar con todo un paquete de medidas destinadas al desarrollo de la población y a su bienestar, tales como la inversión en asistencia médica y educación, según denuncia el 'Senlis Council'.

Así, no está prevista ninguna actuación para el tratamiento de la gran cantidad de civiles que resultan heridos como consecuencia de las operaciones militares de la ISAF en las provincias del sur. Sólo en 2006, las 2.000 operaciones de bombardeo de la OTAN provocaron la muerte de 4.000 civiles y heridas a un número indeterminado, pero los dos hospitales de Kandahar y Lashkar Gah se encuentran en un estado lamentable y les falta el equipamiento necesario para atender las habituales emergencias de una zona de guerra o la extendida malnutrición.

El Estudio de Casos que acompaña el informe del 'Senlis Council' destaca los casos de "sufrimiento innecesario provocado por la falta de inversiones". Una niña de ocho años falleció en enero en el hospital de Helmand por unas quemaduras que podrían haberse curado con tan solo veinte dólares de inversión. La menor falleció después de tres días de intensa agonía que podría haberse aliviado con analgésicos, una "trágica ironía", subraya el informe, ya que el opio de las amapolas es el principal componente de los calmantes del dolor, una planta que es el principal producto de Afganistán.

PERMISOS PARA EL CULTIVO

Para solucionar una parte de los problemas que debe afrontar a diario la población afgana, el 'Senlis Council' propone la concesión de permisos para el cultivo de la amapola. De esta manera se eliminaría el drama que supone que una familia de agricultores se vea privada de los ingresos de su trabajo sin tener alternativa, ya que la amapola es la única planta que rinde satisfactoriamente en el pobre terreno del sur afgano, sobre todo después de la intensa sequía que vive la región.

Además, la producción regulada de amapola podría utilizarse para levantar una industria farmacéutica centrada en la producción de morfina o codeína, productos muy escasos y necesarios en el país, y evitaría que muchos de estos pequeños labradores simpatizaran con la insurgencia talibán o incluso se uniesen a sus filas atraídos por la comida y el dinero de los que disfrutan.