Actualizado 09/06/2007 15:05 CET

Crónica Bélgica.- El primer ministro Verhofstadt aspira a una tercera victoria consecutiva en las legislativas de mañana

Aumenta el descontento con su política de conciliación y los democristianos podrían dar la sorpresa en las urnas

BRUSELAS, 9 Jun. (EP/AP) -

El primer ministro belga, Guy Verhofstadt, tiene muy difícil mantenerse en el poder por tercera legislatura consecutiva, si la oposición confirma la ventaja que le otorgan los sondeos previos a las legislativas de mañana, domingo, y que podrían confirmar que su impecable política económica y de conciliación entre las diversas coaliciones que conforman la sinuosa política belga, podría haber pasado de moda.

Hasta este momento, Verhofstadt ha logrado reunir en sucesivos acuerdos, a través de dos gobiernos de coalición con los socialistas, a germanófonos y francoparlantes en un acto de malabarismo que, al final, ha terminado minando su credibilidad en ambos sectores.

De esta forma, el partido del primer ministro, el de los Liberales y Demócratas Flamencos (VLD), ha descendido de la primera a la cuarta posición en Flandes, donde seis millones de los más de 10 y medio de sus ciudadanos han sido partidarios tradicionales del primer ministro. Ahora, con un 18,6 por ciento de la intención de voto frente al 24,4 obtenido en las pasadas elecciones de 2003, pocos le conceden oportunidad alguna. Y sin embargo, Verhofstadt mantiene su optimismo.

"Se dice por ahí que voy a tener que largarme después del día 10", afirmó Verhofstadt en su última comparecencia ante los medios, mientras el democristiano Yves Leterme avanza con paso firme en las encuestas, al frente de la coalición CD&V-NVA. La encuesta de ayer viernes, realizada por Ipsos Belgium, le confiere una intención de voto del 28,4 por ciento en los sondeos.

Para los cristiano-demócratas, estas cifras vaticinan un regreso al poder tras ocho largos años en la oposición. "Es normal que el pueblo quiera algo distinto", opinó Leterme ante los medios. Si su partido gana, el líder democristiano debería abandonar su puesto como presidente del Gobierno regional flamenco para postularse al cargo de primer ministro de toda Bélgica.

Otro tanto sucede en el sur de la región de Valonia --que con Flandes y Bruselas compone el estado federal belga--. Allí, los políticos han orientado sus esfuerzos a conseguir, por primera vez en tres décadas, que un primer ministro francófono llegue al poder.

A pesar de que los escándalos han afectado continuamente al Parti Socialiste, su popularidad no ha decrecido en la clase trabajadora ni en sus relaciones con Verhofstadt durante ocho años de coalición. El PS es, según las encuestas, el principal partido de habla francesa en el país, con un 33,1 por ciento en intención de voto: a pesar de un descenso de más de tres puntos respecto a 2003, sigue por delante de los Liberal Demócratas franco parlantes (26, 7 por ciento).

Y en lo que a la extrema derecha se refiere, representada por el Vlaams Belang (Interés Flamenco), incluso los propios miembros del partido esperan un resultado inferior al alcanzado en las regionales de 2004. Los resultados son peores en Bruselas, que en Valonia, donde parece ser que el VB se ha asentado sin mayores complicaciones.

ENFRENTAMIENTO ENTRE COALICIONES

La cuestión, sin embargo, radica en qué coalición emergerá victoriosa mañana, dentro de la compleja realidad política belga. Sin embargo, hay terreno adelantado, ya que el Parlamento saliente aprobó una medida que asegura que el nuevo Gobierno, una vez formado, será capaz de iniciar reformas constitucionales destinadas a ampliar la autonomía de los grupos lingüísticos del país. Sin embargo, dichas modificaciones solo podrán ser aprobadas por una mayoría de cada grupo, lo que complicará aún más las negociaciones entre coaliciones.

"Puedo pensar en distintas posibilidades en las que ni siquiera 100 días serán suficientes", declaró el primer ministro al diario 'De Standaard'.

Por el momento, la campaña se ha centrado más en las personalidades políticas que en los temas en juego. El duelo entre Leterme y Verhofstadt ha acaparado los titulares de la prensa, enfrentados sobre el rumbo que debería tomar la economía del país en los próximos cuatro años.

El primer ministro afirma que, con los liberales fuera del poder, Bélgica se dirigiría, una vez más, a un intervencionismo estatal "anticuado", con impuestos más elevados. La intención de Verhofstadt es potenciar la economía, apoyando una mayor libertad de maniobra para las empresas, y bajo la promesa de seguir recortando los impuestos de los ciudadanos. Este modelo de acercamiento ha sido duramente criticado por sus compañeros socialistas de coalición, pero el primer ministro ha respondido siempre que su método ha terminado impulsando el trabajo y el crecimiento económico.

Leterme, por su parte, ha criticado que Verhofstadt ha sido incapaz de estar a la altura de sus promesas. Los democristianos suelen buscar un modelo económico a medio camino entre la libre empresa y el intervencionismo estatal. Es por ello por lo que Leterme se presenta a las elecciones con la intención de "mantener la distancia entre lo que se promete y lo que se cumple lo más cercana posible". En definitiva: "prometer menos, cumplir más".

Este mensaje ha convertido la campaña en una elección a cara o cruz. Temas candentes como la disputa lingüística, las consideraciones éticas de la eutanasia, o el uso de la energía nuclear, han tenido un impacto limitado en la campaña.