Los desafíos humanitarios de la migración

Caravana de migrantes centroamericanos rumbo a Estados Unidos
REUTERS / LEAH MILLIS
Publicado 11/11/2018 9:02:38CET

"Ni hablar de regresar a mi país. Prefiero, incluso, afrontar el desierto", cuenta al CICR un migrante de Togo

MADRID, 11 Nov. (Jesús Serrano Redondo, coordinador de comunicación del Comité Internacional de Cruz Roja, CICR) -

Los migrantes no abandonan su familia, sus amigos y su vida entera por capricho. A causa de la miseria, el entorno deteriorado y la opresión, la existencia puede volverse insostenible. Y cuando la guerra amenaza directamente, la única opción para conservar la vida es partir.

Las razones por las que las personas migran son múltiples y complejas. Algunas de ellas son la imposibilidad de llevar una vida decente sin trabajo, la falta o falla generalizada de los servicios públicos, como los de salud, seguridad y educación o, incluso, el deseo de reencontrarse con familiares que ya están instalados en el extranjero.

Si bien la decisión de partir corresponde a la persona que la toma, esa elección a menudo obedece a la necesidad de huir de la violencia atroz de los conflictos armados.

Existen situaciones menos drásticas, como la criminalidad generalizada, la represión brutal y desproporcionada ejercida contra los movimientos sociales o también la persecución de ciertos grupos por motivos políticos o étnicos. Y muchas otras razones llevan a las personas a querer reconstruir su vida en otro lugar.

UN VIAJE PELIGROSO

En el trayecto, los migrantes afrontan múltiples riesgos y un alto grado de vulnerabilidad. La mayor parte del tiempo, se hallan privados de los servicios esenciales y del apoyo de sus familiares, viven atemorizados, a merced de los traficantes de personas, expuestos al rigor de un clima hostil. Necesitan protección y asistencia humanitaria.

Ya sea por el Mediterráneo, el Magreb o el corredor centroamericano, el viaje es largo y peligroso. Y puede terminar antes de llegar a destino.

Hasta hace poco tiempo, la ciudad de Agadez, en Níger, era testigo de un flujo importante de decenas de miles de migrantes que atravesaban el Sahel hacia Europa. Pero, actualmente, ya no es el caso. El camino y sus peligros y las nuevas políticas migratorias, aún más restrictivas, desanimaron a muchas personas.

"Llegué a Agadez, Níger, hace un año, con mil francos CFA en el bolsillo. Ese gueto es mi casa. Ni hablar de regresar a mi país. Prefiero, incluso, afrontar el desierto", cuenta al CICR Ousmane, migrante oriundo de Togo.

AISLADOS DEL MUNDO

Algunos migrantes pierden contacto con sus familias. Miles de ellos mueren o desaparecen en el camino cada año y muchos permanecen en detención prolongada por haber entrado o permanecido irregularmente en un país extranjero, pese a que la detención debería ser siempre una medida excepcional de último recurso y estar limitada en el tiempo.

Además del aumento del riesgo de desaparición que esa pérdida de contacto puede causar, la incertidumbre que genera también puede traer graves consecuencias psicológicas para las familias que permanecen en su país.

Cuando llegan a destino, a menudo tienen dificultades para acceder a los servicios de salud, a la vivienda, a la educación o al empleo. Pueden convertirse en blancos fáciles de abuso, extorsión y explotación debido a la falta de una red familiar protectora o de información, o bien por no tener los documentos en regla. Si sufren un accidente o se enferman, la obtención de asistencia adecuada será un desafío.

(((Este artículo ha sido publicado originalmente en https://www.icrc.org/es/actividades/los-desafios-humanitarios-de-la-migracion)))