Actualizado 12/06/2020 12:06 CET

"Escapé de la guerra y ahora tendré que trabajar para mantener a mis hermanos"

Raghad, una refugiada siria en Líbano
Raghad, una refugiada siria en Líbano - PLAN INTERNATIONAL 

   La pandemia de COVID-19 ha agravado la situación para los refugiados sirios en Líbano, en particular las niñas

   ESTOCOLMO, 12 Jun. (Por Sofia Klemming, de Plan International Suecia) -

   En Líbano, el país que desde 2011 acoge el mayor número de refugiados per cápita del mundo, la vida se está poniendo cada vez más difícil para las niñas y adolescentes sirias que tuvieron que huir de su país por un conflicto que continúa después de 9 años. Diariamente, miles de niños y niñas temen por su propia supervivencia y la de sus familias. La enorme carga económica que soporta el país ha puesto a prueba la cohesión social hasta el límite, lo que, unido a la pandemia de la COVID-19, ha resultado en un estallido social.

   Las dificultades a las que se enfrentan las refugiadas sirias en Líbano para recibir educación, conseguir comida y cubrir sus necesidades básicas de higiene han aumentado desde que estallara la emergencia de la COVID-19. Solo un 28 por ciento de las adolescentes sirias refugiadas en Líbano está recibiendo educación desde el comienzo de la pandemia, según un estudio de la ONG Plan International que trabaja con estos niños y niñas, que en muchos casos son hijos de madres solteras, lo que aumenta su situación de vulnerabilidad.

PLAN INTERNATIONAL Niñas refugiadas sirias

   Raghad, una niña siria refugiada de 12 años, vive con su madre y sus cinco hermanos en la ciudad de Tiro, en el sur de Líbano. Su padre les abandonó y ahora está viviendo con otra mujer.

PLAN INTERNATIONAL Raghad

   Las familias encabezadas por mujeres son más pobres que aquellas encabezadas por hombres y tienen mayores dificultades en su día a día para conseguir alimentos. Las niñas que trabajan ganan un salario mensual menor que los niños; asisten a la escuela con menos frecuencia y son más vulnerables a ser explotadas en el lugar de trabajo.

   El estudio de Plan International sobre las necesidades de la adolescencia en Líbano detalla que uno de los principales motivos por los que prevalece el trabajo infantil entre los y las adolescentes sirias es para complementar el ingreso familiar y satisfacer las necesidades básicas. Cuando el padre y la madre están desempleados, carecen de recursos económicos o no disponen de la documentación necesaria, aumenta el riesgo de que los adolescentes acaben siendo víctimas de trabajo infantil, una situación que está empeorando por la pandemia de la COVID-19.

   "Voy a la escuela y estoy en sexto curso, pero mi madre me ha dicho que tendré que dejar los estudios el año que viene para ayudarla a ganar dinero. Voy a recoger naranjas y plátanos. Es muy difícil y me pregunto: ¿Por qué tengo que dejar la escuela? Mis amigos van a seguir estudiando y yo soy muy buena en clase", dice Raghad.

   Raghad sabe de sobra cuál es la respuesta a por qué tiene que empezar a trabajar y nos cuenta cuál es la situación en su casa. "Necesito ayudar a mi madre a ganar dinero. Tengo una hermana pequeña que nació prematura y que tuvo que ser operada del corazón en un hospital de Beirut. La intervención costó mucho dinero y ahora tenemos que pagarla. Mi hermana mayor ya ha terminado la escuela y ahora trabaja con mi madre todos los días. Mi padre no nos apoya en absoluto".

   La ansiedad de Raghad respecto a su futuro es evidente. Es como si tuviera que cargar con un peso enorme encima de sus estrechos hombros. "No le he contado a nadie mi situación, no tengo a nadie con quien hablar. Estoy preocupada por mi hermana pequeña y por el resto de mis hermanos. La casa en la que vivimos está a punto de derrumbarse. Un día mi madre y mi hermana estaban en el baño y les cayeron piedras del tejado. Tengo miedo de que un día se caiga sobre nosotros mientras dormimos. También es duro que mis amigos tengan ropa nueva y yo nunca tenga nada", cuenta preocupada.

   Antes de la pandemia, Rahgad asistía semanalmente al centro para niños y niñas  refugiados sirios ubicado en Tiro, dirigido por la organización Amal con el soporte de Plan International. En este centro, los niños, niñas y jóvenes refugiados recibían apoyo y, además, tenían la oportunidad de conocer a chicos y chicas de su edad que se encontraban en una situación similar.

   Los días que tocaba de reunión de las niñas de 8 a 13 años, las risas retumbaban por todo el edificio mientras jugaban a lanzarse globos unas a otras y se preguntaban sus nombres y comidas favoritas para conocerse mejor entre ellas. "Ir allí me hacía feliz. La felicidad no es algo que tenga en casa", confiesa Raghad.

   Después de conocer su situación, el personal del centro habló con su madre y ofreció apoyo a la familia para que Raghad pudiera continuar con su educación y no tuviera que dejar de estudiar para trabajar. Pero la pandemia lo ha paralizado todo y las posibilidades de que Raghad pueda continuar sus estudios son ahora más inciertas. Su futuro está en suspenso.

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