Etiopía abre al público un centro de detención en el que se practicaron torturas

Publicado 08/09/2019 6:04:47CET
Gente esperando para entrar al centro de detención de  Maekelawi
Gente esperando para entrar al centro de detención de MaekelawiREUTERS / TIKSA NEGERI

ADÍS ABEBA, 8 Sep. (Reuters/EP) -

Los ojos del bloguero Befekadu Hailu se llenaron de lágrimas mientras observaba el lugar donde había visto a un policía atacar a uno de sus amigos, en el centro de detención de Maekelawi, un nombre que durante mucho tiempo ha sido sinónimo en Etiopía de tortura y miedo.

Befekadu volvió a visitar la antigua comisaría de Policía este viernes como turista, en lugar de como recluso, después de que el Gobierno abriera el edificio al público durante tres días como parte de su esfuerzo por instaurar un nuevo orden más democrático.

"Tenemos que aprender una lección de esto", ha advertido el procurador general Berhanu Tsegaye en una ceremonia celebrada en este mismo lugar. "Las violaciones de los Derechos Humanos que tuvieron lugar aquí no deben repetirse".

El año pasado, el primer ministro, Abiy Ahmed, cerró el famoso centro de detención e interrogatorio de Adís Abeba después de asumir el cargo con la promesa de poner fin al "terrorismo de Estado".

Befekadu, de 39 años, estuvo encarcelado allí durante 84 días sin cargos en 2014. El viernes por la mañana, fue a visitar junto con un periodista de la agencia de noticias Reuters las que ha definido como "oscuras y húmedas salas de interrogatorios" y a las que, en ocasiones, ha llegado a comparar con Siberia.

El centro fue utilizado por sucesivos jefes de Gobierno, entre ellos el dictador Mengistu Haile Mariam y el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), que le arrebató el poder en 1991.

Befekadu y otros detenidos habían hecho agujeros en el yeso que cubría las barras metálicas de la puerta de su celda para poder observar lo que ocurría en el exterior. Un día, un Policía se dio cuenta de que se asomaba y exigió saber quién había hecho los agujeros. El oficial comenzó a golpear al compañero de Befekadu, Atnaf.

"Mi amigo fue golpeado aquí y no pude defenderlo", dijo, con la voz quebrada. Durante su visita el pasado viernes, buscó los grafitis que los prisioneros habían garabateado, pero la pared que se encontró estaba cubierta con pintura amarilla.

En un informe de 2013, la organización no gubernamental Human Rights Watch, con sede en Nueva York, documentó la tortura en Maekelawi, a menudo utilizada para obtener confesiones de presuntos opositores políticos. Durante este periodo los guardias golpeaban a los prisioneros con las armas.

"Eso está prohibido ahora", ha afirmado la presidenta del Tribunal Supremo, Meaza Ashenafi, abogada y activista de los derechos de la mujer. El país estaba cambiando "de una condición en la que se violaban los Derechos Humanos a una condición en la que se respetan", precisó durante su visita a las celdas el viernes.

Algunos altos cargos implicados en los abusos cometidos en esta etapa han sido detenidos. El ex jefe de la inteligencia nacional ha sido acusado de asesinato y tortura 'in absentia'. Los ex presos políticos encabezan ahora la junta electoral y la comisión nacional de Derechos Humanos está dirigida por el Gobierno.

Sin embargo, Laetitia Bader, investigadora principal de Human Rights Watch África, ha insistido en que es necesario hacer más para curar las heridas del pasado. "La mayoría de los juicios no han comenzado y una comisión de reconciliación establecida en diciembre tiene un mandato poco claro", ha aclarado Bader.

"El Gobierno no ha presentado una hoja de ruta clara sobre cómo planea lidiar con el pasado abusivo del país", ha agregado. Muchos activistas continúan detenidos, ha informado el periodista Eskinder Nega, quien fue encarcelado repetidamente por supuestos cargos de terrorismo antes del nombramiento de Abiy.

Cinco de sus compañeros han estado detenidos sin cargos desde junio en el marco de la ley antiterrorista. "El primer ministro es nuevo, pero el Gobierno sigue siendo la misma coalición gobernante", ha lamentado. "Este es un pretexto clásico para reprimir la disidencia. Ninguna de las estructuras autoritarias ha sido revisada", ha concluido.

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