El hambre acecha a Mozambique por los destrozos en las cosechas del ciclón 'Idai'

Mozambique.- La hambruna golpea a Mozambique por los destrozos en la tierra del
REUTERS / MIKE HUTCHINGS
Publicado 01/04/2019 17:13:37CET

NHAMPUEPUA (MOZAMBIQUE), 1 Abr. (Reuters/EP) -

Las comunidades rurales de Mozambique encaran una crisis de alimentos tras el paso de ciclón 'Idai' por el país, ya que unas 700.000 hectáreas de terrenos cultivables están inundadas o se han visto afectadas por los destrozos y han dejado a los agricultores sin nada, según los datos del Gobierno, que ya ha prometido semillas y otras herramientas para ayudar a los damnificados.

Fuali Joaquim tiene suficiente comida para alimentar a sus diez niños una semana más, quizá dos. Luego, asegura, está en manos de Dios. Un ciclón arrancó su cosecha de yuca, dejando las raíces pudriéndose en la superficie. La riada que vino después se llevó por delante el maíz.

"Ha habido muchas lágrimas", relata Joaquim, de 45 años, mientras camina fatigosamente entre las pequeñas parcelas de tierra llenas de barro que hacen de cimientos para las casas en Nhampuepua, también destrozadas por la tormenta. "Todo el mundo tiene hambre", afirma.

Más de 750 personas han muerto debido a las tormentas y las fuertes lluvias desde que el ciclón tocó Mozambique, Zimbaue y Malaui. Dos semanas después, con las operaciones de rescate llegando a su fin, el foco está cambiando hacia los supervivientes.

Las importaciones de maíz a Mozambique pueden doblarse este año desde las habituales 100.000 toneladas, según el análisis del economista Wandile Sihlobo, de la Asociación de negocios agrícolas de Sudáfrica. La gran pregunta es cómo puede afectar esto a los precios.

"La seguridad alimenticia es cuidadosa con las cifras grandes. Está siendo devastador", reconoce desde el aeropuerto de Beira la directora para el sur de África del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Lola Castro. "Tenemos que acelerar rápido", afirma.

El PMA ha entregado alimentos a unos 200.000 mozambiqueños y quiere llegar al millón en las próximas dos semanas, explica Castro. Pero esto no es suficiente, porque los agricultores necesitan semillas para replantar cuanto antes. "Se necesitaba para ayer", apremia Lola Castro.

LA AYUDA NO ES SUFICIENTE

El ciclón no podía haber llegado en un peor momento, un mes antes de la cosecha del maíz, el cultivo principal de la región. Los lugareños han tratado de secar las mazorcas verdes e inmaduras que han podido salvar del agua, pero comer en esas condiciones hace que se pongan enfermos.

En Bebedo, 100 kilómetros al noreste de Beira, docenas de familias salen a ver aterrizar un helicóptero con las siglas del PMA en medio de una nube de polvo. En 20 minutos desaparecen más de 100 cajas marrones con sopa Plumpy, una pasta de cacahuetes utilizada para tratar la desnutrición en niños pequeños. También hay sacos de soja y harina de maíz precocinada.

Es la segunda entrega del día en este pueblo que está siendo utilizado como centro de distribución para alimentar a las comunidades vecinas, unas 17.000 bocas que alimentar en total.

Sin embargo, los residentes aseguran que Nhampuepua, a una hora y media en coche desde Beira, estaba cayendo en el olvido. La única ayuda que había llegado antes de este sábado había sido donada por una compañía local de petróleo.

El sufrimiento de Nhampuepua refleja la escala de la titánica tarea a la que se enfrentan las agencias humanitarias y el Gobierno.

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), que está supervisando la respuesta al desastre, estima que 1,85 millones de personas están apelotonadas en un área de 3.000 kilómetros cuadrados, algo más pequeña que la isla de Mallorca.

SUBEN LOS PRECIOS, BAJAN LOS INGRESOS

Los granjeros de Nhampuepua, curtidos por años de pobreza, están ya replantando lo que pueden, utilizando esquejes de las plantas de yuca que ahora se amontonan en el barro.

Sin embargo, la tierra lleva su propio ritmo, que no se puede acelerar por muy grande que sea la necesidad. Solo en ocho meses habrá yuca lista para comer. Hasta entonces, el hambre será una amenaza real.

Diniz Jeronimo tiene 28 años y comparte con su familia de cinco miembros un bol de espaguetis, que será su única comida del día. Su cosecha fue devastada. Como la mayoría de gente en su comunidad, los únicos ingresos de la familia vienen de vender carbón vegetal, que lleva siete días fabricar.

En la lenta y arenosa carretera a Dondo, la ciudad más cercana, una cadena de bicicletas lleva bolsas de fuel. Diniz está preocupado de que bajen los precios. Al mismo tiempo, el coste de la comida se ha disparado.

El presidente del país, Filipe Nyusi, que describió el ciclón como uno de los peores desastres que guardaba Mozambique en la memoria, aseguró la semana pasada durante una visita a Beira que serían distribuidos 100.000 herramientas de agricultura y 1.000 toneladas de semillas de ciclo corto para ayudar a los granjeros a volver a ser autosuficientes.

Sin embargo, los aldeanos de Dondo y Nhamatanda no han recibido nada y son muy escépticos de que lo vayan a hacer algún día. En Nhampuepua, Joaquim asegura que viajará a Dondo esa misma tarde para comprar harina de maíz.

Eso alimentará, de momento, a sus niños. "Es un nuevo mundo", asegura. "Todo debe ser rehecho de nuevo".

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