BAGDAD 8 Ago. (EP/AP) -
Un compañero de los soldados estadounidenses acusados de violar y matar a una niña iraquí y a su familia testificó hoy ante la corte para destacar el estrés y la baja moral de los soldados de su unidad como factores que les empujan a consumir alcohol y estupefacientes.
Cinco soldados violaron por turnos el pasado mes de marzo a una niña iraquí de 14 años, Abeer Qassim al Janabi y después la mataron. Mataron también a sus padres y a su hermana de 5 años. Según su propia versión de los hechos, la idea se les ocurrió mientras jugaban a las cartas y bebían whisky.
En Bagdad están siendo juzgados los acusados, James P. Barker, Paul E. Cortez, Jesse V. Spielman y Bryan L. Howard. Un quinto militar, el sargento Anthony W. Yribe, está acusado de no haber informado adecuadamente sobre el crimen, pero no de participar en él. La corte militar decidirá si se les somete a un Consejo de Guerra que podría condenarles a muerte.
A ellos se suma el ex soldado Steven D. Green, que fue expulsado del Ejército en junio por "trastorno de personalidad". Está siendo juzgado por una Corte Federal en Carolina del Norte por violación y asesinato, delitos de los que se ha declarado no culpable. Todos estaban asignados a la 101 División Aerotransportada con base en Fort Campbell, Kentucky
Uno de sus compañeros de unidad, Justin Cross, describió hoy las condiciones "mentalmente agotadoras" en las que se encuentra su unidad, desplegada en Mahmudiya (30 kilómetros al sur de Bagdad). "Te vuelve loco, sientes como si a cada paso pudieras saltar por los aires. Llegas a un punto en el que dices, si muero hoy muero hoy", afirmó.
Hoy, los abogados de los cuatro acusados principales pidieron una nueva vista, acusando al defensor de Yribe de plantear preguntas deliberadamente incriminatorias. Se espera que la corte dedica hoy mismo sobre esta petición.
Según el soldado Cross, los soldados solían beber a menudo whisky iraquí y tomar analgésicos para aliviar el estrés de no saber cuál sería su último día. La unidad, aseguró, estaba "llena de desesperación". "No podía dormir principalmente por miedo a ser atacado", relató, precisando que la muerte de dos soldados de la unidad disparados en un control minó más la moral de todo el equipo.
Según Cross, Barker era el que obtenía el whisky y el que más bebía, y que sabía que Green tomaba analgésicos, aunque nunca le vio hacerlo. "Todo el mundo estaba muy deprimido, era una válvula de escape", prosiguió.
Barker fue el que relató al investigador especial militar Benjamin Bierce como los cinco militares estaban bebiendo y jugando cuando decidieron ir a cometer su crimen, describió como la violaron por turnos y que fue Green quien disparó a toda la familia.
Este caso ha incrementado las denuncias de abuso y mal comportamiento por parte de los soldados estadounidenses y ha tensado una vez más las relaciones con el Gobierno iraquí, que ha pedido una investigación independiente. También ha hecho aumentar los llamamientos a poner fin a la inmunidad de los soldados estadounidenses respecto a las cortes iraquíes.