MADRID, 17 May. (EUROPA PRESS) -
La periodista italiana Giuliana Sgrena, que permaneció secuestrada el año pasado durante un mes en Irak, se mostró convencida de que el único modo de poner fin a la espiral de violencia sectaria que vive este país es la "retirada inmediata de todas las tropas extranjeras", si bien admitió, en una entrevista concedida a Europa Press, que esto no resolvería todos los problemas que actualmente tienen los iraquíes.
Asimismo, consideró que en las actuales circunstancias "lamentablemente no es posible trabajar como periodista" en Irak, por eso dijo que hasta que la situación no cambie en el país no pretende volver porque, dijo, "el único modo de hacer periodismo independiente es saliendo a la calle, hablando con la gente y estando sobre el terreno". En este sentido se mostró contraria a los periodistas que viajan "empotrados" con las tropas porque tienen "una óptica parcial".
Sgrena, que se encuentra en Madrid para presentar su libro 'Fuego amigo' en el que relata su secuestro, dijo no sentirse "optimista" respecto al futuro de Irak. "Los hechos actuales superan incluso mi pesimismo en el libro" en el que aborda el problema de la resistencia y de los elementos yihadistas presentes en el país, así como el creciente papel que juega la religión en la política del país y el peligro de "libanización" del país.
En opinión de la periodista de 'Il Manifesto' --diario de corte comunista--, "se puede hacer algo" para "interrumpir la espiral de violencia" que vive el país y esto pasa por "la retirada de todas las tropas extranjeras". Según Sgrena, el presidente del Gobierno español, Jose Luis Rodríguez Zapatero, fue el primero en dar el paso y otros le siguieron. Por eso expresó su confianza en que el nuevo Ejecutivo italiano de Romano Prodi "cumpla con su promesa" y retire también las tropas de Irak, y que esta cuestión no se quede en el tintero como otras promesas electorales.
No obstante, admitió que con la marcha de las tropas extranjeras "no se resolvería rápidamente la situación global" en Irak pero "acabaría con el motivo de combate para la resistencia y con la excusa de los yihadistas" que están en Irak con el "pretexto de llevar a cabo su guerra santa contra los infieles". Pero los infieles, subrayó, no son sólo los soldados extranjeros, sino también los periodistas, los trabajadores humanitarios y "también los chiíes, a los que consideran traidores". En su opinión, todo esto viene a demostrar que "en Irak hay una guerra civil desde hace mucho tiempo" y aquellos que no lo admiten "mienten", remachó.
Para Sgrena, la situación de la mujer ha empeorado desde la ocupación y "es el elemento que mejor indica el deterioro de la población". Antes, bajo el régimen de Sadam Husein, ls mujeres "participaban en la vida política, económica y social" pero ahora "están prácticamente excluidas". Además, lamentó, "los delitos de honor y las violaciones" están a la orden del día.
La división en tres partes del país --kurdos en el norte, suníes en el centro y chiíes en el sur--, según Sgrena, "no sería la solución" y "sólo serviría para alimentar los enfrentamientos y fomentar la división". Además, previno, si el petróleo queda exclusivamente en manos de chiíes y kurdos y se deja a los suníes al margen, "los enfrentamientos no terminarán". Antes, los tres grupos, al igual que las distintas religiones, etnias e incluso tribus, vivían de forma pacífica por lo que, aseveró, "si antes coexistían quiere decir que es posible" pero todo esto pasa, agregó, porque "los iraquíes puedan decidir su futuro".
SECUESTRO Y LIBERACION
En cuanto a su secuestro, que como relata en el libro atribuye a elementos de la resistencia suní, considera que se debió a que a ella era "más fácil" secuestrarla porque "estaba en las calles hablando con la gente". Esto fue lo que le ocurrió también a la francesa Florences Aubenas, "a la que secuestraron en el mismo lugar que a mi un mes antes", y más recientemente a la estadounidense Jill Carrol.
Sgrena fue secuestrada el 4 de febrero de 2005 en Bagdad cuando regresaba de conversar con las víctimas de los bombardeos contra la ciudad de Faluya, y su liberación se produjo el 4 de marzo. Según la periodista, sintió mucho más miedo "después de la liberación, cuando los soldados americanos dispararon contra el coche" en el que se dirigía hacia el aeropuerto junto a los agentes del SISMI (servicios secretos italianos), Nicola Calipari y Andrea Carpani, que conducía el vehículo.
"Cuando pensaba que ya era libre nos dispararon" y Calipari murió mientras la protegía con su cuerpo de los disparos realizados por los norteamericanos. Por eso, dice, "nunca he podido festejar mi liberación ni sentirme feliz de mi libertad". La escritura del libro ha sido para ella como una manera de "liberar" todo lo que le pasó y el "trauma" que supuso el secuestro y sus secuelas, ya que uno de los disparos le alcanzó el hombro y le provocó daños también en el pulmón de los que tardó en recuperarse.
Los soldados que dispararon contra el vehículo no han sido procesados y el Gobierno estadounidense "considera que no tiene más explicaciones que dar al italiano", pero la magistratura italiana