Actualizado 24/01/2015 09:19 CET

La lucha contra la exclusión social, tarea pendiente frente al terrorismo

Todos somos Charlie, fachada Instituto Arabe Mundial
Foto: YOUSSEF BOUDLAL / REUTERS

Sólo habrá sociedades en paz si se gestiona la diferencia y la diversidad desde la integración y el respeto mutuo

   MADRID, 24 Ene. (Por Rebeca Cordero, profesora titular en Sociología Aplicada, Universidad Europea de Madrid) -

   Lo sucedido en Francia con los atentados de Charlie Hedbo parece haber marcado un "nuevo" antes y después en la política interior e exterior mundial. Es interesante cuestionarse qué ha cambiado respecto a los atentados del 11-S en Nueva York y si realmente ha existido un punto de inflexión.

   La respuesta, un tanto compleja, viene a sacudirnos en la cara una realidad nada grata: no lo estábamos haciendo tan bien. Desde los países occidentales desarrollados se ha trabajado mucho en la contención del terrorismo, se ha intentado frenar desde la intervención policial, política, pero poco o casi nada se ha hecho desde la prevención social.

   Lo ocurrido en Francia pareciera ser el título de la obra de García Marquez, 'Crónica de una muerte anunciada'. Los altercados vividos en los suburbios franceses en los años 80, seguidos de los de 2005 y de las acciones terroristas de 2015, son la evolución de una problemática nunca resuelta.

   Si los primeros disturbios producidos en Minguettes, en Venissieeux (Ródano) en el año 1985 fueron debidos a causas sociales y políticas, lo mismo ocurre con los actuales.

   Multitud de desigualdades en lo político, social, económico y espacial, han provocado que los residentes de los suburbios se conviertan en ciudadanos de segunda dentro del Estado.

   Espacialmente los ciudadanos suburbiales siempre han estado mucho más limitados, su entorno se ha ido transformado en un enemigo a batir, pues han dispuesto de peores infraestructuras, casas de peor calidad, asentamientos verticales abigarrados, escasas zonas verdes, etcétera. Y aunque se ha llegado a implementar alguna mejora, la falta de mantenimiento ha acelerado su deterioro, aumentando los niveles de frustración de los vecinos.

   Pero no sólo la frustración está presente, también el desprestigio social se cierne sobre todo aquel que reside en el suburbio, una circunstancia que imposibilita la integración de estos ciudadanos en la nación. Solo en procesos laborales tendrá más posibilidades de obtener un puesto trabajo aquel que reside en cualquier otra parte de la ciudad.

Soldado en París

GUETOS URBANÍSTICOS

   El desempleo, el bajo nivel educativo y la escasa cualificación profesional, entre otros, son problemas presentes en la mayoría de estos "guetos urbanísticos", en los que los procesos de discriminación, marginación y exclusión están presentes.

   Si a esto le sumamos una escasa, por no decir nula, vía política para sentirse representados y demandar cambios, el caldo de cultivo de lo desaforado subyacía tras la desmotivación, el desánimo, la desilusión, la desgana, la necesidad de sobrevivir y las ansias de salir, de cambiar, de ganar, de formar parte del otro lado.

   Y mientras toda esta información nos iba llegando a modo de revueltas, desde el ámbito político la preocupación estaba en controlar al disidente.

   Lo singular de este hecho es que nadie recayese en las consecuencias futuras y en la posibilidad de que los mismos principios que auspiciaban las revueltas convergieran en el odio, radical y exacerbado de unos cuantos, ante aquel que consideran que les dejó de lado.

   Es en este punto donde motivos raciales o religiosos toman importancia, dado que, como en el caso que nos ocupa, el credo ha sido utilizado como seña de identidad y justificación de acciones cruentas y nada justificables.

Protestas contra Charlie Hebdo

RUPTURA SOCIAL

   La explicación sobre este fenómeno no sólo debe ser aplicada a Francia, si no a cualquier país que viva situaciones de tanta ruptura social.

   Producidos los hechos, es momento de actuar en una doble dirección, primero mediante el acercamiento de la sociedad internacional, para que de manera conjunta consigan frenar los ataques sin criminalizar al conjunto de la sociedad musulmana, y segundo a través de la prevención, favoreciendo procesos de integración, reduciendo las desigualdades y revitalizando los suburbios.

   AsImismo, el Estado como agente activo debería preocuparse por frenar a su vez, todas aquellas corrientes islamofóbicas que sólo tratarán de sacar partido a esta situación mediante el enfrentamiento racial, religioso y migratorio, nada positivo en sociedades cada vez más multiculturales.

   Y en lo que respecta al ciudadano "de primera" ha de protegerse ante la posible imposición de medidas de seguridad que pueden llegar a generar tal control social que terminen afectando de manera definitiva a la libertad.

   En conclusión, sólo podremos construir sociedades en paz si somos capaces de gestionar la diferencia y la diversidad desde la integración y el respeto mutuo.

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