LONDRES, 16 Feb. (Reuters/EP) -
La alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navy Pillay, ha considerado este sábado que el presidente sirio, Bashar al Assad, debería ser investigado por crímenes de guerra y ha solicitado una acción inmediata por parte de la comunidad internacional, incluyendo una posible acción militar.
"Esta es la enérgica petición que hice hace 18 meses. Basándome en las pruebas, señalo que los crímenes contra la Humanidad y los crímenes de guerra en Siria están siendo cometidos por las fuerzas del presidente Al Assad, por sus fuerzas de seguridad y por otros grupos aliados con él", ha declarado Pillay.
La ONU estima que los 22 meses de conflicto en Siria han causado la muerte de casi 70.000 personas. "Debería haber una remisión del Consejo de Seguridad al Tribunal Penal Internacional (TPI). Describiría (las acciones de Al Assad) como pruebas de crímenes contra la Humanidad y de crímenes de guerra contra su propio pueblo", ha añadido.
Las potencias mundiales permanecen divididas a la hora de decidir cómo frenar la escalada de violencia en Siria y es poco probable que el Consejo de Seguridad de la ONU remita el asunto al TPI de La Haya, que no es un órgano oficial de Naciones Unidas.
Rusia y China, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, han actuado como protectores del régimen sirio frente al Consejo al bloquear repetidamente las iniciativas occidentales por emprender una acción más contundente contra el Gobierno sirio.
Según Pillay, el Consejo de Seguridad tiene una serie de herramientas para mantener a las partes enfrentadas separadas para permitir la negociación. La alta comisionada ha señalado que en Siria se necesita emprender un acción de forma urgente.
"No estoy argumentando a favor de ninguna intervención específica", ha señalado Pillay. "Es una decisión intergubernamental sobre qué tipo de acción, intervención, mantenimiento de la paz, intervención militar o remisión al TPI. Instamos a que se adopten medidas de inmediato", ha solicitado.
Sin embargo, la alta comisionada ha reconocido que tras la intervención de la ONU en Libia en 2011, que precipitó la caída de Muamar Gadafi, algunos miembros del Consejo de Seguridad temen usar de nuevo la fuerza por si supone un cambio en el régimen "revelando así los intereses de uno u otro gobierno".
"Si existen dudas y vacilaciones es porque la gente está calculando el valor de una intervención militar en lugares tales como Libia, Siria y Afganistán. Esta podría convertirse en una guerra larga y prolongada en la que no existen ninguna garantía de que los civiles no se verán perjudicados por el proceso", ha explicado Pillay.