Actualizado 18/07/2022 13:01

La salud mental de las personas refugiadas: las heridas más profundas

Instalaciones de World Vision en Siret, Rumanía
Instalaciones de World Vision en Siret, Rumanía - WORLD VISION/LAURA REINHARDT

Sigue en directo las últimas noticias sobre la guerra en Ucrania

MADRID, 2 Jul. (Por Patricio Cuevas-Parra, director de Participación y Derechos de la Infancia de World Vision) -

A medida que se va conociendo el alcance de la crisis ucraniana, es importante recordar una verdad fundamental sobre el trauma: que en tiempos de conflicto y desplazamiento forzado, son las heridas psicológicas las que a menudo pueden ser más profundas.

Como director de Participación y Derechos de la Infancia de World Vision, he sido testigo de muchos momentos como éste, en lugares como Irak y Siria. Aunque las circunstancias son únicas para cada crisis de personas refugiadas, y de hecho, para cada refugiado, todos comparten un trauma común de pérdida.

Esto incluye la pérdida de sus esperanzas y planes, la pérdida de su estatus social, la pérdida de sus medios de vida, así como la pérdida de su patria, y de hecho, en algunos casos, la pérdida de sus propias vidas o las de sus seres queridos.

El conflicto armado en Ucrania no da señales de ceder, y hasta ahora, casi 14 millones de personas, incluidos niños y niñas, se han convertido en desplazados al huir de los combates. Estas personas están sufriendo la agonía de una angustia y unos miedos prolongados, y aunque se ha hecho mucho para satisfacer sus necesidades inmediatas su bienestar psicológico debe ser reconocido como una prioridad absoluta.

Muchas personas desplazadas habrán experimentado directamente la persecución y la pobreza; habrán sido testigos de la violencia o víctimas directas de la violencia y los abusos.

Para responder a esto, los esfuerzos humanitarios deben tener en cuenta la intersección entre los daños psicosociales producidos por la guerra, el trauma del proceso de migración o evacuación forzada y la lucha por adaptarse a una nueva vida.

Aunque la rehabilitación psicológica es necesaria para todos los desplazados, es especialmente imperativa para los niños y niñas pequeños. Los niños y los jóvenes deben recibir apoyo con las herramientas necesarias para entender y lidiar con la dolorosa experiencia de convertirse en desplazados. Esto va acompañado de estrategias de educación, medios de subsistencia, protección y salud.

TRAUMAS DE POR VIDA

La seguridad y la protección son la base del desarrollo psicosocial de los niños, y ser expulsados tan bruscamente de una rutina familiar puede tener consecuencias perjudiciales duraderas que, si no se tratan adecuadamente, pueden causar traumas que pueden persistir durante toda la vida, e incluso sembrar la semilla del sufrimiento intergeneracional.

Restablecer su sensación de seguridad es, por supuesto, el primer paso para el bienestar psicológico y la recuperación de los niños y niñas. Es esencial proporcionar niveles de atención estratificados. Los programas deben empezar por garantizar la satisfacción de las necesidades básicas y la seguridad de las personas, luego deben trabajar para reforzar el apoyo familiar y comunitario, y después ofrecer intervenciones específicas para otras necesidades.

Estas intervenciones deben ser gestionadas por ayudantes formados y supervisados, como profesores y médicos, e implicar la vinculación de las personas con problemas graves de salud mental con el apoyo psicológico y psiquiátrico.

Si la comunidad internacional es capaz de garantizar todo esto, podremos ayudar a las personas refugiadas en su camino hacia una buena salud mental.

Las ONG y los gobiernos del mundo deben reconocer la salud mental y el apoyo psicosocial como un componente esencial de todas las intervenciones humanitarias para las personas refugiadas y desplazadas, especialmente en los puestos fronterizos, los refugios para desplazados internos y los centros de acogida.

Es en estos momentos cuando el apoyo es más importante, ya que, aunque la mayoría de las personas refugiadas pueden alcanzar la seguridad física en las comunidades de acogida, el impacto psicológico de la guerra, la violencia y la separación de los seres queridos puede continuar durante mucho tiempo.

El estatus de persona refugiada es temporal, pero, a menos que aceptemos la salud mental como un componente primordial del bienestar humano, las heridas del desplazamiento podrían dejar cicatrices permanentes.

Más información