Seguridad en el conflicto de Yemen con familias de acogida

Actualizado 28/10/2019 10:47:06 CET
Mona llegó a Yemen huyendo de Etiopía
Mona llegó a Yemen huyendo de Etiopía - OIM/MENNATALLAH HOMAID

La OIM ayuda a los migrantes que quedan atrapados en el país en su viaje hacia los ricos estados del Golfo

MADRID, 27 Oct. (Por Mennatallah Homaid, de OIM Yemen) -

A pesar del conflicto, los migrantes siguen llegando a Yemen. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), casi 93.400 migrantes entraron en el país entre enero y julio de 2019.

Atraídos por los traficantes para hacer el viaje con poco o ningún conocimiento de la crisis creciente, los migrantes se enfrentan con la realidad de las duras condiciones en una zona de conflicto, lo que provoca efectos duraderos en su salud mental.

Durante su difícil viaje, los migrantes pueden sufrir violaciones de los Derechos Humanos: heridas, secuestros, abusos, explotación y quedar atrapados en el conflicto.

Como muchos de los que recorren la ruta del Golfo, Jaala y Mona (nombres ficticios) son dos jóvenes mujeres etíopes que buscan empleos decentes y un futuro estable. Esperaban cruzar Yemen para llegar a los países más ricos del Golfo.

Jaala, de 26 años, dejó a sus dos hijos pequeños con su abuela y se arriesgó viajando a Yemen sin ningún familiar o amigo. No se quitó a sus hijos de la cabeza durante el viaje.

Después de un viaje cansado a través de Yemen, Jaala llegó a la región de Sada, en la frontera con Arabia Saudí, donde se vio atrapada por los combates y sufrió un disparo en el muslo derecho. Asustada, herida e incapaz de andar, sus sueños de un futuro mejor en el Golfo se desvanecieron.

INTERVENCIÓN DE LA OIM

Una organización humanitaria en Sada ayudó a Jaala a recibir tratamiento de urgencia. Permaneció 26 días en el hospital antes de ser llevada junto a una familia de acogida de la OIM en Saná para recuperarse.

El equipo de la OIM pronto le confirmó que sufría desorden de estrés postraumátuico. Para Jaala, se manifestaba con una mezcla de miedo, nerviosismo, ansiedad e insomnio.

"Ofrecimos terapia a Jaala, ayudándola a recuperar una sensación de equilibrio", dice Fatima Yehya al Aroumi, una psicóloga clínica que trabaja con migrantes necesitados. "Lamentameblente, su historia no es única; la mayoría de los migrantes irregulares con los que la OIM contacta necesitan apoyo psicosocial y de salud mental".

Junto a la familia de acogida, Jaala tuvo un lugar donde quedarse a salvo, con suficiente comida y agua --algo sin lo que se quedó cuando estaba en la carretera-- y puede tener fácil acceso a servicios de protección y salud de la OIM. El apoyo del Departamento de Desarrollo Internacional de Reino Unido permite que la OIM proporcione este respaldo tan necesario a los migrantes irregulares.

La compañera de piso de Jaala, Mona, es una mujer de 20 años. Como su compatriota, se embarcó en este viaje para buscar una oportunidad en el Golfo. Sin decirle nada a su familia o sin saber lo que le esperaba, viajó a Yibuti y, de ahí, a la costa sur de Yemen.

      OIM / Mennatallah Homaid

Cuando la embarcación apenas había llegado a la costa, la gente comenzó a empujares para desembarcar rápidamente. Cansada y débil por el largo viaje, Mona se tropezó y se golpeó en la cabeza. Sangró sola durante horas, sin ninguna atención médica.

Sin dinero para pagar a los traficantes por el resto de su viaje a Arabia Saudí, fue enviada a trabajar como ayudante doméstica en una casa cerca de la frontera. Aquí es donde la fina línea entre el contrabando y el tráfico de personas se cruzó en la vida de Mona.

Como resultado del golpe en la cabeza, Mona comenzó a perder la vista hasta quedarse completamente ciega. La OIM ha llevado a Mona a familia de acogida en Saná y le proporciona la asistencia que necesita.

SENTIR CULPA

Cuando llegó, Mona no solo arrastraba sufrimiento físico, también un abrumador sentimiento de culpa y ansiedad. Pensó que perder la vista era un tipo de castigo por viajar sin permiso de su familia. A través de las múltiples sesiones en la clínica para migrantes de la OIM en Saná, Mona comenzó a ganar confianza y calma emocional.

"El calvario que los migrantes irregulares sufren en la ruta del Golfo, que incluye la explotación por parte de los traficantes, puede provocar un daño masivo en su salud mental. Desafortunadamente, solo unos pocos afortunados pueden acceder al apoyo necesario para superar sus experiencias", explica Fatima.

Con el deseo de lograr unos ingresos estables para sus familias, pero siendo capaces solo de emprender un peligroso viaje, Jaala y Mona terminaron heridas y necesitadas de ayuda. Ahora, desean una cosa: recuperar su salud física y emocional.

El programa de familias de acogida en Saná y Adén proporciona a los migrantes vulnerables un alojamiento temporal y acceso a atención médica y apoyo psicológico hasta que se recuperen por completo y puedan seguir con sus vidas. "Todo lo que quiero es recuperar la visa. Espero que la OIM me ayude a recibir el tratamiento adecuado y, si no mejoro, quiero volver a casa", dice Mona.

Esta noticia fue publicada originalmente en este enlace.

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