August 24, 2026, Washington, Dc, United States: U.S. President Donald Trump, salutes during the national anthem before the start of the Freedom 250 Grand Prix Race, August 23, 2026 in Washington, D.C. - Daniel Torok/White House / Zuma Press / Europa Pre
MADRID 29 Ago. (EUROPA PRESS) -
La guerra en Irán supera ya los seis meses, mientras Washington, en un nuevo giro de su estrategia, ha iniciado una campaña de sanciones destinada a asfixiar la economía iraní y aislar al país internacionalmente, una nueva fase que apunta a una posición más pragmática del presidente estadounidense, Donald Trump, cuya popularidad se encuentra a la baja ante las elecciones de medio mandato, las 'midterms', en las que se juega mantener el control absoluto del Congreso.
Hace ahora medio año Trump ordenó el ataque por sorpresa contra Irán, en una ofensiva conjunta con Israel, con el objetivo de neutralizar el poder militar de Teherán y derrocar a la República Islámica, ya en su primera jornada segó el liderazgo político y militar de la República Islámica, con la muerte del histórico líder Alí Jamenei y de la cúpula política y militar.
A la campaña de intensos bombardeos, entre ellos a una escuela de primaria de Minab que dejó 155 muertos, la mayoría niñas, le siguió ataques a infraestructuras energéticas que generaron las primeras fisuras entre Estados Unidos e Israel, mientras que Teherán respondió lanzando una ofensiva a escala regional contra objetivos estadounidense y generando tensiones con los países vecinos.
Mientras los muertos civiles se iban agolpando en el lado de Irán durante semanas de conflicto y la República Islámica eligió a Mojtaba Jamenei como sucesor de su padre en el cargo de líder supremo, Teherán trasladó la guerra al estratégico paso de Ormuz, convertido durante el mes de marzo en el epicentro de las tensiones y declaró un cierre de la vía marítima que ha trastocado la situación de los mercados energéticos internacionales y disparado el precio del petróleo y el gas.
Así, Washington exigió a sus socios sumarse a la operación para controlar el paso de Ormuz y mantuvo rifirrafes con aliados europeos a cuenta del uso de las bases militares en suelo en el continente, mientras los objetivos de la Administración norteamericana iban variando y se limitaban a señalar la necesidad de desgastar la capacidad militar de Irán, con someras referencias al programa nuclear.
Para el mes de abril, y en medio de otra tanda de ataques sistemáticos contra el país centroasiático, Trump pactó una tregua con Irán que puso en pausa el conflicto y dio margen a unas negociaciones que, con algunas escaladas militares mediante, logró un acuerdo para un memorando de entendimiento a mediados de junio, con mediación de Pakistán y Qatar, acuerdo que establecía las bases para un acuerdo que pusiera fin a las hostilidades y pactase los límites a las aspiraciones nucleares de Teherán.
De todos modos la calma duró escasas semanas después de que a principios de julio Washington retomara los ataques militares en medio de acusaciones de que la República Islámica incumplía el acuerdo, cuando empezó a atacar embarcaciones que navegaban por Ormuz alegando una interpretación estricta del memorando que, a juicio de Teherán, consolidaba el control sobre el estratégico estrecho, convertido en su principal baza negociadora.
Ahora, en un nuevo giro, Estados Unidos ha frenado la campaña militar contra la República y abierto una nueva fase del conflicto que pasa por una gama de sanciones económicas que buscan aislar internacionalmente a Irán y provocar el colapso de su economía con sanciones, todavía no especificadas, a los actores comerciales de Teherán.
A IRÁN Y A EEUU LES INTERESA UNA SALIDA A LA GUERRA
En todo caso seis meses después la guerra se encuentra en un 'impasse' en el que ni Estados Unidos logra imponer su voluntad sobre Irán, ni Irán logra un repliegue militar estadounidense, como explica a Europa Press el investigador del CIDOB Mariano Aguirre, quien señala que Trump "necesita desesperadamente necesita que se estabilice la situación con Irán" y está dispuesto a sacrificar pérdidas económicas ante un calendario electoral que le va a la contra.
"La guerra le está produciendo un daño inmenso frente a las elecciones de medio término en noviembre", argumenta, tras señalar la caída en su popularidad y la pérdida de apoyo a un conflicto que no entusiasma a ni al electorado republicano, ni a los aliados e ideólogos del presidente. Aguirre recalca que la guerra tiene un impacto económico en las clases populares y en el sector primario por lo que ha ocasionado un aumento de los precios de la energía y un auge de la inflación que afecta "al bolsillo y los gastos de consumo diario".
De esta forma, señala que Washington necesita un acuerdo "sea como sea" que permita volver a fluir el petróleo por el paso de Ormuz, vía marítima principal para los mercados energéticos mundiales después de que haya fracasado en los objetivos que se marcó en un inicio para la ofensiva.
"Estados Unidos carece de una estrategia de medio y largo plazo", apunta Aguirre, también miembro asociado de Chatham House, quien considera que Trump "va dando palos de ciego" y basa su táctica principalmente en la retórica y en trasladar a la población estadounidense un mensaje de optimismo sobre una pronta resolución de la crisis, una estrategia que, según el experto, evidencia que el presidente estadounidense no comparte la visión de Benjamin Netanyahu, quien considera la guerra contra Irán una oportunidad histórica para derrotar lo que percibe como una amenaza existencial y que se ha convertido en el mayor obstáculo para una salida diplomática a la guerra.
Enfrente, Irán paradójicamente comparte el interés de Estados Unidos de reabrir el estratégico estrecho, ya que es una herramienta clave para sus ingresos energéticos y desbloquearlo sería un alivio a una situación económica "bajo mínimos". "Una buena parte de la población está sufriendo desabastecimiento de comida. Tienen graves problemas por la destrucción de infraestructura y tienen gravísimos problemas inflacionarios", sostiene el experto.
De esta forma, Teherán quiere llegar a una salida pactada a la crisis a sabiendas de que el paso de Ormuz le da una ventaja estratégica que, en todo caso, "no es eterna", como avisa Aguirre, quien considera que "es una cuestión de tiempo que Ormuz pierda peso".
A esto hay que sumarle los intereses de toda la región, con países como Qatar, Arabia Saudí u Oman centrados en la contención ante Irán y en lograr que los esfuerzos diplomáticos lleven a una paz negociada y duradera en el Golfo. Igualmente China mueve desde atrás sus intereses y viene incidiendo en que la situación solo puede resolverse mediante negociaciones y que las sanciones anunciadas por la Casa Blanca son ilegales, toda vez que Estados Unidos ha evitado mencionar a Pekín en su amenazas comerciales a los socios de Irán.
"No creo que Trump pueda solucionar este problema en tres meses, aunque fuese arrasando Irán, y creo que tendrá un fuerte impacto en las elecciones", resume el experto del CIDOB, en un contexto en el que el calendario electoral juega en contra de los intereses del mandatario estadounidense en Irán.