La suerte de trabajar entre héroes

Actualizado 28/09/2019 8:47:06 CET
Una niña desplazada por la violencia de Boko Haram en Níger
Una niña desplazada por la violencia de Boko Haram en Níger - WORLD VISION

MADRID, 28 Sep. (Por Samuel K. Owusu-Baafi, gerente de Comunicaciones para Malí, Mauritania y Níger de World Vision) -

Me han hecho muchas veces una pregunta simple; una pregunta para la cual todos parecen tener una respuesta predeterminada y robótica. Desde "Me encanta lo que hago"; hasta "No puedo esperar para despertarme por la mañana y hacer lo que me satisface". La pregunta es, por supuesto, "¿por qué tienes este trabajo?".

Después de haber trabajado en el sector humanitario durante más de cinco años como comunicador, haber vivido en diferentes contextos y haber conocido mucha gente en situaciones extremas, he tenido mucho tiempo para reflexionar sobre la cuestión.

No hace mucho tiempo, tuve la oportunidad de pasar tiempo en Diffa, en Níger. ¿No os suena de nada probablemente? Lamentablemente pocas historias os habrán llegado de las familias y niños de este país. La crisis de la cuenca del lago Chad es la definición de una crisis olvidada.

Una situación tan grave, pero tan perpetua, que se convierte en rutina. En esta región de África Occidental, el estado de emergencia es la nueva norma, pero a menudo olvidamos los rostros y los nombres de quienes viven en una situación tan grave.

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Una región ya empobrecida por la climatología y la falta de alimentos, la situación en Diffa se ha vuelto cada vez más desesperada a causa de la extrema violencia. La vida prácticamente se ha detenido desde la crisis de seguridad en 2013.

La inseguridad inherente ha colocado a innumerables personas en el limbo. Los trabajos son escasos, las escuelas están en ruinas y los jóvenes están cayendo en la delincuencia o el trabajo infantil. Las calles están constantemente patrulladas por unidades militares fuertemente armadas, y el estricto toque de queda es una nueva norma.

Sentado en mi cómodo 4x4, saltando hacia arriba y hacia abajo por las ondulantes llanuras de la región, en dirección al campamento de refugiados de Sayam, pensaba que este era un lugar especialmente difícil en el que vivir. Entonces recordé que estaba sentado en un 4x4.

De repente una realidad sombría me golpeó; aquellos obligados a vivir aquí no tienen este lujo, pero de alguna manera tienen que conseguir sobrevivir. Me senté en silencio cuando entramos en el campamento, recibidos por cálidos rostros sonrientes; hombres, mujeres y niños por igual.

Esta no fue la bienvenida que esperaba de las personas que viven en tiendas de campaña sin electricidad, agua corriente o internet. Esta no podría ser la bienvenida de los obligados a abandonar sus hogares, la tierra de sus antepasados, donde nacieron, se criaron y jugaron en
las calles.

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LOS HÉROES DE SAYAM

Heroico es la palabra que me viene a la mente cuando pienso en la gente de Sayam Forraje, N'guiguimi, Gagamari y los otros campamentos repartidos por la vasta región de Diffa. Desde niños, hasta adultos, pasando por los propios trabajadores humanitarios.

Ahora cuando me preguntan por qué hago lo que hago, tengo una respuesta. Lo hago por Aisha Adam, una líder de su comunidad que comenzó a colaborar con World Vision para proporcionar agua, saneamiento e higiene a su comunidad.

Lo hago por Ousmane Aboubakar, un niño de 17 años que nunca ha ido a la escuela, pero a través del Proyecto de Recuperación Temprana de World Vision, ahora puede aprender metalurgia para hacer algo de sí mismo y no ser relegado a las filas del crimen.

Lo hago por Fati Kiari, quien nunca había trabajado, pero a través de los Grupos de Ahorro de World Vision ahora tiene su propio negocio comercial y experimenta la alegría de mantener por sí misma a sus hijos.

Lo hago por la pequeña Fanna Moustapha, una niña de 12 años que presenció una violencia indescriptible cuando solo tenía ocho años. Forzada a huir de su hogar cuando Boko Haram atacó la ciudad, tuvo que aprender a vivir en medio de la nada en un país extranjero, pero luchó para superar sus traumas y recuperar su infancia con la ayuda de voluntarios de los Espacios Seguros para Niños.

Estos son los gigantes, los héroes, cuyas historias yo me limitó a contar. ¿Por qué hago lo que hago? La respuesta es sencilla: ¿Quién no querría ser parte de la historia de un héroe?

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