ESTAMBUL 11 Nov. (EP/AP) -
Los ocho militares turcos que fueron liberados el pasado día 4 de noviembre tras permanecer quince días en poder de guerrilleros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) entraron hoy en una cárcel turca tras haber sido acusados del cargo de "desobediencia con posible resultado de gran catástrofe". También están acusados de "minar la disciplina militar" y dos de ellos de "deserción al extranjero", según reveló hoy uno de los abogados defensores, Ramazan Korkmaz.
Korkmaz, presente en la audiencia de ayer sábado, afirmó que los soldados fueron acusados de "no cumplir adecuadamente con el deber nacional" durante los combates previos a su captura. Los soldados, sin embargo, aseguraron haberse quedado sin munición, por lo que no pudieron impedir ser tomados como rehenes.
Los soldados fueron internados en una prisión militar situada en la provincia de Van, en el este de Turquía, y se desconoce si volverán a comparecer ante el tribunal militar que trata su caso.
Korkmaz afirmó que el cargo de "desobediencia con posible resultado de gran catástrofe" está penado con hasta diez años de cárcel. La deserción al extranjero, acusación que pesa sobre dos de los militares, implicaría otros diez años de prisión, explicó antes de mostrar su extrañeza porque sólo dos de los militares fueran acusados de este cargo.
Ibrahim Cagan, padre de uno de los militares, afirmó hoy desconocer por qué su hijo estaba encarcelado hasta que se enteró por los medios de comunicación y aseguró que la familia no ha podido hablar con su hijo desde que fue liberado. "Estoy muy triste. Pido a nuestro heroico ejército que libere a mi hijo", declaró.
Los ocho militares fueron secuestrados por los guerrilleros kurdos el pasado 21 de octubre en un ataque de los independentistas en los que murieron otros doce militares. Los rehenes fueron llevados a una base rebelde situada en el norte del vecino Irak.
El domingo pasado fueron finalmente entregados a las autoridades iraquíes de la región autónoma del Kurdistán Iraquí. Éstos los entregaron al Ejército estadounidense, que finalmente los trasladó a Turquía, según la información difundida por el Departamento de Estado norteamericano.