LOGROÑO 9 Feb. (EUROPA PRESS) -
El marido de Salwa, la mujer refugiada asesinada en su domicilio de Logroño en julio de 2023, ha aceptado un total de 41 años y 3 meses de prisión por los delitos de asesinato, intento de homicidio de sus tres hijos y por otro de maltrato habitual. En concreto, por el delito de asesinato deberá cumplir 22 años y 6 meses de cárcel y 6 años más por cada uno de intento de homicidio de los hijos de ambos (18 años en total), tras la vista celebrada este lunes de previa conformidad.
Además, también deberá cumplir 9 meses de prisión por el delito de maltrato habitual en ámbito familiar. Con respecto a las atenuantes, solo se ha aplicado una en el delito de asesinato por confesión y como agravantes, las de parentesto y de género, ésta última "porque el acusado asesinó a la víctima por su condición de mujer y en el contexto de su matrimonio".
A modo de responsabilidad civil, por su parte, éste deberá pagar 1,4 millones de euros para los familiares de la víctima.
Así se ha saldado la vista de previa conformidad celebrada en el Tribunal Superior de Justicia de La Rioja. Posteriormente, se ha abierto una Audiencia Pública en la que el acusado ha reconocido todos los hechos y aceptado la condena y, por lo tanto, será innecesario citar al jurado popular.
En un primer momento, el Ministerio Fiscal pedía un total de 52 años al procesado de su asesinato y por el intento de homicidio de los hijos de ambos.
Tras conocer el acuerdo de conformidad, el abogado del acusado, Alfredo Arrién, ha asegurado que ha sido todo "un éxito" y entiende que "una vez cumpla con la mitad de la condena podrá acceder, si sigue con el mismo comportamiento, a una libertad provisional".
"ERA MUY IMPORTANTE HONRAR A SALWA"
Por su parte, la abogada de la acusación particular (que defiende los intereses de la familia de la víctima), Laura Ramírez, está conforme con el acuerdo porque como ha dicho ante los medios de comunicación "era muy importante honrar a Salwa y sobre todo que se hiciera justicia con ella. Realmente el reconocimiento de él como asesinato con todas las agravantes ha sido muy importante".
Así ha explicado, "la lectura de todo el plan preconcebido, la alevosía y el ensañamiento que hubo en la víctima y que el acusado propició ha sido muy duro de leer en sala pero era necesario que constara en la sentencia".
Y lo mismo -ha dicho- "con respecto a los tres niños, para nosotros que el padre reconociera que quiso matar a sus hijos también es importante".
"Para la familia era fundamental que reconociera todos los hechos para la hora de poder alcanzar un acuerdo con lo cual estamos muy satisfechos. No reconforta jamás porque hay tres niños que han quedado huérfanos y una familia que jamás podrá olvidar lo que ha sucedido, pero al menos satisfechos con el resultado".
"NO HA SIDO UN PACTO DE CONFORMIDAD SINO UNA RENDICIÓN"
Por su parte, la letrada -también de la Acusación Particular y de la Asociación Clara Campoamor-, María Victoria de Pablo, asegura que "no ha sido un pacto de conformidad sino una rendición por parte del acusado en el cual ha reconocido un asesinato con alevosía y ensañamiento pero algo que para la Asociación es muy importante, ha reconocido que asesinó a Salwa por el hecho de ser mujer y en el marco de su relación matrimonial".
En ese sentido también es "importante que haya reconocido la tentativa de homicidio de sus hijos porque el primer relato era que se quería suicidar y que quería que lo vieran".
Y sobre todo, como asociación en defensa de los derechos de la mujer y del niño, "el que reconociera el maltrato habitual al que tenía sometida con violencia física y psicológica de manera continuada a su mujer era necesario".
Así las cosas, finaliza, "se ha conseguido justicia, se le ha reconocido el sufrimiento y sobre todo se ha evitado el morbo innecesario que hubiera supuesto un dolor añadido a la familia y a los hijos de 12 días de juicio".
Finalmente, Victoria de Pablo ha asegurado que durante la sesión de este lunes "el acusado no ha pedido perdón". Además ha recordado que éste no podrá comunicarse con sus hijos por cualquier medio "algo muy importante para el desarrollo de estos niños".
LOS HECHOS
Tal y como relataba el escrito del Fiscal, al que ha tenido acceso Europa Press, el acusado llegó a España en junio de 2016 como refugiado desde el Líbano, procedente de Siria, acompañado de su mujer y de sus tres hijos.
Tras residir en un centro de refugiados, aprendieron juntos el idioma y él consiguió trabajo de mecánico. La familia empezó a residir en un domicilio de la plaza Martínez Flamarique de Logroño.
A partir de ahí, explica el escrito, la evolución del matrimonio siguió senderos "muy distintos", dado que ella quiso formarse, realizando diferentes cursos, se desprendió del pañuelo que le cubría el rostro y cabello, y quiso encontrar un trabajo.
El acusado empezó a sospechar que su mujer estaba pensando divorciarse y llevarse a los niños a Alemania, donde vivían sus padres, incluso, consultó con un abogado y éste le informó de los derechos de ella en caso de divorcio, que incluían marcharse con los niños.
"Dispuesto a no consentirlo jamás", indica el Ministerio Fiscal, el acusado lo preparó todo para, estando los niños fuera de casa, poder matar a su mujer y, después, acabar también con la vida de los hijos.
De esta forma, se llevó a los niños a la biblioteca Rafael Azcona y, después, volvió a casa y, "movido por el sólo afán de arrebatarle la vida, de manera sorpresiva le golpeó violentamente en la cabeza con un objeto decorativo".
Éste prosiguió con los golpes y, cuando ya estaba "casi sin consciencia", cogió unos cuchillos que tenían en la cocina con los que le propinó "multitud" de heridas incisas en el tórax anterior, en la zona central de la espalda y en los antebrazos.
El Fiscal destaca que la muerte de Salwa "tuvo lugar en medio de una dolorosa agonía innecesariamente alargada tras la multitud de golpes y las reiteradas cuchilladas en zonas no necesariamente vitales, que prolongaron su padecimiento hasta el extremo".
Una vez se hubo asegurado la muerte de su esposa, y tras limpiarse las manos con lejía, se cambió de ropa y calzado y fue a por los niños. Se subió con ellos a un autobús urbano que les llevó hasta la zona del camino de la Harinera, a la vera del río Ebro.
Ahí, les invitó a acercarse a la ribera, sabiendo que ninguno sabía nadar, y cogió "sorpresivamente" al menor de ocho años, al que intentó arrojar al agua en un lugar de profundidad suficiente para cubrir la altura de los pequeños y dotada de fuerte corriente.
A pesar de los esfuerzos del padre, el niño logró zafarse y emprender aterrorizado la huida, hasta llegar a donde se encontraban unas personas.
Mientras, el acusado se dirigió a los otros dos (de nueve y once años en el momento de los hechos) y los arrojó al río, pero no pudo ahogarlos porque acudieron las personas que habían sido alertadas por el pequeño, y gracias a las que resultaron los tres hijos indemnes.