LOGROÑO 1 Feb. (EUROPA PRESS) -
La Asociación de Hostelería Arbacares y 'Logroño sin Ruido' impuganarán la norma que reduce de 100 a 75 metros la distancia entre bares en la ciudad de Logroño, si el Ayuntamiento de la capital riojana no paraliza su tramitación, ya que consideran la orden "un atentado al sector y a los vecinos, que responde a intereses particulares".
Según dijo el director de Arbacares, Enrique Arévalo, "desde el mes de agosto se viene hablando de cambio de distancias, pero lo que no sabíamos era que no sólo era para el Casco Antiguo, sino para toda la ciudad, y para cualquier distancia".
Recordó que la normativa municipal viene del año 1998, cuando se decretaron distancias mínimas entre establecimientos hosteleros de 40 metros en la ciudad y 25 metros en el Casco Antiguo; la última modificación "fue hace poco más de un año, cuando se amplió a 100 metros, pensando sobre todo en zonas de nueva creación y ya saturadas", como Siete Infantes de Lara.
A su juicio, "Logroño está excesivamente saturado, la normativa debería servir para evitar esta situación". Precisamente, criticó que "lo que nos quieren vender con este cambio de ahora es que se evita la saturación y los ruidos; es una mentira, porque lo que se logra es precisamente lo contrario".
Afirmó que, con la reducción de distancias, "se va a permitir más establecimientos que abran de las 7 de la mañana a las 12 de la noche, el horario más conflictivo, y, si son restaurantes podrán estar abiertos hasta la 1:30 de la madrugada; a la vez, podrán tener terrazas, así que en espacios como Gran Vía o en Primero de Mayo, se podrán colocar más establecimientos".
Arévalo llamó la atención sobre el problema que la nueva normativa va a causar en el traspaso de licencias "porque la gente que tiene negocios ahora ha pagado mucho dinero por sus licencias, y ese dinero se va a descapitalizar desde ahora, porque les van a poder poner pared con pared otro establecimiento que no ha pagado nada".
"¿Alguien se cree que esta norma va a evitar el ruido y la concentración de locales en las zonas nuevas? Lo que se hace es justamente lo contrario", aseguró el director de Arbacares, quien consideró esta situación como "una tomadura de pelo, Logroño se va a convertir en una gran calle Laurel".
Culpó a "intereses particulares de gente que quiere colocar terrazas en la Gran Vía, tras el año que han pasado, y la única forma de lograrlo es cambiando las reglas". Arévalo señaló que quien solicitó este cambio ha sido la Asociación de Restaurantes y Afines de la FER, "que es escasamente representativa y con pocos socios, pero que ya consiguió la liberalización del Casco Antiguo".
"Es un auténtico despropósito, que causa perplejidad. Se trata del mayor agravio histórico a la hostelería de la ciudad. No se ha tenido en cuenta para esta norma ni a los vecinos, ni a 'Logroño sin Ruido' ni al sector mayoritario de la hostelería", recalcó Arévalo, quien incidió en que, por ello, "vamos a intentar paralizarlo por todos los medios".
En sus palabras, aunque la norma haya pasado ya a trámite en la Comunidad Autónoma, "el Ayuntamiento, como su promotor, está a tiempo de pararla". Si no se produce este parón, "impugnaremos la norma, nos toman por tontos, es un tema que sólo podrá dirimirse en los juzgados".
Por ello, antes de llegar a esta situación, han presentado hoy mismo un escrito pidiendo una entrevista "urgente" con el alcalde de Logroño, Julio Revuelta. Además, apuntó la necesidad de que "mientras no se solucione este asunto, paralizar la concesión de nuevas licencias para establecimientos hosteleros".
Por su parte, la presidenta de 'Logroño sin Ruido', Araceli Lumbreras, hizo especial hincapié en que "lo que se va a lograr es que el problema del ruido aumente exponencialmente en la ciudad, tanto en los locales como en la calle" y criticó que "mientras otros municipios se sensibilizan con el tema, aquí se hace lo contrario".