Almeida destaca de Madrid su capacidad de "relativizar adversidades sin rencor" en "un acto de higiene moral colectiva"

Entierro de la Sardina en la Casa de la Villa
Entierro de la Sardina en la Casa de la Villa - EUROPA PRESS
Europa Press Madrid
Publicado: miércoles, 18 febrero 2026 14:15

MADRID 18 Feb. (EUROPA PRESS) -

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha cumplido con la tradición que despide el Carnaval y da la bienvenida a la Cuaresma y lo ha hecho con un discurso en el que ha identificado como uno de los rasgos identitarios de la capital el "relativizar adversidades sin rencor ni amarguras" en "un acto de higiene moral colectiva", que es lo que simboliza el tradicional Entierro de la Sardina.

Decenas de cofrades y plañideras, de luto riguroso, han cumplido con su cita anual en el Patio de Cristales de la Casa de la Villa entre risas, cánticos y un reparto de sardinas, esta vez de chocolate. Este año la Cofradía y la Peña del Boquerón ha querido dedicar la Sardina de Plata a "la paloma de la paz, para no olvidar los conflictos y guerras que hay en el mundo". También han recordado a todas las personas que han sufrido los embates de las inundaciones y las tormentas.

Ante cofrades y representantes de todos los grupos políticos, el alcalde ha aplaudido la función que cumple el Entierro de la Sardina y que "va mucho más allá del folclore". "Vuestra voz consiste en recordarnos algo esencial, que el pueblo de Madrid siempre ha sabido reírse de sí mismo, relativizar las adversidades y despedir los pasados sin rencor ni amargura. Eso es en el fondo es enterrar la sardina, un acto de higiene moral colectiva", ha defendido el primer edil.

Tampoco ha olvidado que con este gesto Madrid se despide de la juerga y la chirigota del Carnaval para dar paso a la Cuaresma "y lo hace como corresponde a Madrid, la capital de España, sin exigencias pero también sin tristeza".

Almeida ha recordado que la tradición nació cuando "el aprendiz de río que es el Manzanares, en una ciudad golpeada por la escasez, decide transformar un contratiempo en una celebración chistosa, un gesto tan profundamente madrileño que revela un radgo que hoy define a la ciudad", esto, es, "la capacidad de convertir la dificultad en ingenio".

"Desde entonces han pasado generaciones, han pasado modas y circunstancias muy distintas pero la sardina se sigue enterrando. Y esto es así no porque ignoremos el paso del tiempo sino porque precisamente lo comprendemos, lo entendemos y que cada uno trae sus sombras y sus luces y que conviene despedir lo que ya no sirve para hacer sitio a lo que todavía está por venir", ha continuado.

Los cofrades, ha proseguido, demuestran que "la tradición no es cosa de museo y de vitrina sino de calle, de ruido, de cachondeo y, llegado el momento, el silencio respetuoso".

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