Archivo - Plaza de Salvador Dalí, a 19 de mayo de 2026, en Madrid (España). - Jesús Hellín - Europa Press - Archivo
MADRID, 19 Jul. (EUROPA PRESS) -
La admiración mutua entre Salvador Dalí y el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, iniciada con el homenaje a la esposa del creador, Gala, dio origen a una obra excepcional para la capital, un conjunto monumental de 13,13 metros y 350 toneladas firmado durante un encuentro en Figueres y finalmente inaugurado el 17 de julio de 1986, seis meses después de la muerte del regidor.
Jesús Espelosín, concejal del Ayuntamiento en aquellos años y testigo de la gestación del conjunto, reconstruye este episodio a través de recuerdos, documentos, testimonios y crónicas de la época en el libro 'La Plaza de Salvador Dalí. Una historia de amistad y mutua admiración entre Dalí y Tierno Galván'.
La historia comenzó en 1985 con '¡Viva la Gala!', una iniciativa de la empresa Ararte y del crítico Santiago Amón que buscaba sacar el arte de las galerías y llevarlo a las calles mediante reproducciones de pinturas en vallas publicitarias.
Dalí eligió seis obras inspiradas en Gala y dio instrucciones precisas para la campaña, que en Madrid contó con 175 vallas distribuidas por nueve emplazamientos. La inauguración se celebró en la Puerta del Sol el 13 de mayo, a las 13 horas y 13 minutos, con música de pasodobles y pétalos de rosa lanzados desde un globo aerostático.
Dalí respondió al homenaje con telegramas de agradecimiento y regaló a Tierno Galván un bastón que, según aseguraba, había pertenecido a Víctor Hugo. La entrega se celebró en la Rosaleda del Parque del Oeste.
Poco después llegó la propuesta definitiva: Dalí quería diseñar una obra permanente para la ciudad como agradecimiento por la acogida recibida. En una de las primeras visitas a Figueres, Espelosín no pudo encontrarse con él porque el pintor estaba viendo 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.
En un encuentro posterior, Dalí recibió a Espelosín y a Santiago Amón sentado en "una especie de trono, vestido con camisón blanco y gorro de dormir" y conectado a una sonda de oxígeno. Pese a su delicado estado de salud, fue dictando cómo debía ser el monumento.
El ingeniero municipal Jesús Jiménez Cañas trasladó aquellas indicaciones a sucesivos dibujos. Dalí quería un dolmen extraordinariamente esbelto, con tres pilares de piedra trabajada y una losa superior natural, como si hubiera emergido directamente de la tierra.
La altura quedó fijada en 13,13 metros, siguiendo el simbolismo numérico que había marcado la inauguración de '¡Viva la Gala!'. Delante debía instalarse un homenaje a Isaac Newton, de bronce de cuatro metros, con una esfera suspendida de una mano y colocado sobre una base de piedra negra en la que estuvieran grabadas las cuatro letras del nombre de la esposa de Dalí, Gala.
UNA PLAZA "INVENTADA" PARA LA OBRA
Cuando los responsables municipales conocieron las dimensiones del proyecto, surgió un problema, que no había en el centro de Madrid una plaza disponible a la que dar el nombre del artista ni tampoco se contemplaba cambiar la denominación de una ya existente.
La solución fue, en palabras de Espelosín, "inventarse una plaza". El Ayuntamiento convirtió en plaza de Salvador Dalí la intersección situada frente a la entrada principal del antiguo Palacio de los Deportes, entre la avenida de Felipe II y la calle de Antonia Mercé. Dalí firmó el 2 de octubre de 1985 el croquis definitivo elaborado por Jiménez Cañas.
La escena central de esta historia se produjo el 12 de noviembre de 1985. Tierno Galván viajó a Figueres acompañado por quien sería su sucesor, Juan Barranco, Espelosín, Jiménez Cañas y el agente municipal Manuel Ubieto para formalizar el acuerdo con Dalí.
El acuerdo, impreso por la Imprenta Municipal en papel de barba, constaba de seis ejemplares y describía las medidas y la disposición del dolmen, el 'Newton' y su pedestal.
HASTA 189 MILLONES DE PESETAS
El proyecto de urbanización partía de un presupuesto de 199 millones de pesetas. La obra se adjudicó a Dragados y Construcciones por 189,6 millones y un plazo de seis meses. El Ayuntamiento quería tenerla terminada antes de la fase final del Campeonato del Mundo de Baloncesto, que debía celebrarse en julio de 1986 en el vecino Palacio de los Deportes.
La construcción exigió mover aproximadamente 350 toneladas de piedra. Los tres pilares se tallaron con granito de una cantera próxima a Villacastín, en la provincia de Segovia. Ante el riesgo de que alguno se fracturara durante el transporte o el montaje se preparó un cuarto de reserva.
Los cuatro fueron trasladados de noche hasta Madrid bajo escolta policial. Como ninguno se rompió, según relata Espelosín, la pieza sobrante regresó a la cantera y desde 2025 se encuentra instalada en una rotonda de Villacastín, donde es conocida como el 'Menhir de Villacastín'.
Más complicado resultó localizar la piedra negra reclamada por Dalí para el pedestal del homenaje a Newton. El material tuvo que llegar desde Sudáfrica y, al no encontrarse una pieza de tamaño suficiente, la base se formó mediante varios bloques ensamblados. Se fundió en los talleres de Eduardo Capa mediante la técnica de la cera perdida. Su tamaño obligó a fabricarlo por partes, soldarlas y pulir después las uniones hasta ocultarlas.
La plaza se completó con un pavimento de círculos concéntricos y radios, una superficie cercana a los 20.000 metros cuadrados y 32 farolas.
UN TÓRRIDO 17 DE JULIO SIN TIERNO GALVÁN
El número 13 estuvo a punto de marcar también la inauguración, pero el montaje del homenaje a Newton no concluyó a tiempo. Tuvo lugar finalmente el miércoles 17, a las 13.05 horas, en una jornada de intenso calor en la capital y pocas horas antes de que comenzara la fase final del Mundial de Baloncesto.
Tierno Galván había fallecido en enero de ese año y no pudo ver terminada la obra, pero Dalí lo recordó en un telegrama leído por Juan Barranco.