Un estudio replantea cómo entendemos la comunicación temprana en bebés. - UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID
MADRID 3 Sep. (EUROPA PRESS) -
Un artículo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ha propuesto replantear qué se entiende por comunicación en los primeros meses de vida y ha situado la construcción temprana de significado compartido en las interacciones cotidianas entre bebés, adultos y objetos.
El trabajo, firmado por Ana Moreno-Núñez, investigadora de la UAM, y publicado en la revista 'New Ideas in Psychology', plantea que la construcción de significado comienza desde los primeros meses de vida a través de las interacciones que los bebés mantienen con las personas y los objetos de su entorno.
La UAM ha indicado en un comunicado que la propuesta se centra en las llamadas interacciones triádicas tempranas, aquellas en las que participan simultáneamente el bebé, otra persona y algún elemento del entorno material, como un juguete u objeto cotidiano.
Según el artículo, estas configuraciones aparecen antes de lo que tradicionalmente se ha considerado y constituyen "un contexto en el que comienza a construirse el significado compartido" y, con él, "la comunicación".
El estudio cuestiona los enfoques que identifican la comunicación con la capacidad de expresar intenciones de forma explícita, ya que, según la autora, esta perspectiva puede "dejar fuera procesos previos que hacen posible el desarrollo de esas intenciones". Además, indica que antes de señalar o compartir deliberadamente la atención sobre un objeto, los bebés "ya participan en experiencias compartidas con otras personas".
Así, actividades cotidianas como mostrar un objeto, moverlo rítmicamente o cantar mientras se manipula permiten, según el trabajo, que adultos y bebés desarrollen formas de participación conjunta y construcción compartida de significado.
El artículo destaca tres dimensiones en estas primeras formas de participación compartida: la materialidad, el ritmo y el afecto. Los objetos, según esta propuesta, "no son simples apoyos" de la comunicación, sino elementos que contribuyen a "organizar la interacción", mientras que los movimientos, miradas, vocalizaciones y acciones coordinadas permiten "establecer patrones temporales compartidos".
IMPLICACIONES PARA ESTUDIAR LA COMUNICACIÓN
Asimismo, las expresiones faciales, el tono de voz, la proximidad corporal y los cambios en la intensidad de la interacción permiten a bebés y cuidadores ajustar "sus estados emocionales y mantener formas de coordinación mutua".
Por ello, el artículo defiende "la necesidad de prestar mayor atención a las interacciones cotidianas en contextos naturales", analizando cómo se coordinan los cuerpos, los objetos, los ritmos y las emociones a lo largo del tiempo.
"Más que buscar el momento exacto en que aparece una determinada habilidad, este enfoque invita a observar cómo se construyen progresivamente las condiciones que hacen posible la comunicación humana", señala el estudio.
En conjunto, el artículo propone no situar el origen de la comunicación en un momento concreto, sino reconsiderar cómo se construyen progresivamente las condiciones que hacen posible la comunicación humana desde el inicio de la vida.