Actualizado 13/03/2007 18:56 CET

11-M.- Una testigo del tren que explotó en Santa Eugenia reconoce a Zougam "al cien por cien"

MADRID, 13 Mar. (EUROPA PRESS) -

Una de las personas que viajaban en el tren que hizo explosión la mañana del 11 de marzo de 2004 en la estación de Santa Eugenia reconoció hoy ante el tribunal "al cien por cien" al acusado de la autoría material de los atentados Jamal Zougam, para el que la Fiscalía solicita 38.654 años de prisión.

La testigo protegido R-10 indicó que cogió el convoy en Alcalá de Henares a las 7:15 de la mañana para dirigirse a la estación de Atocha y sentó en el vagón de cola. R

elató que viajaba tal y como "hacía todos los días" cuando en el trayecto se le cruzó una persona "que le empujó en el hombro izquierdo" y también tropezó con un chico que "estaba leyendo un libro". Detalló que esta persona portaba "una mochila" de color azul de "color clarito" y que "se fijó en la cara" porque el chico cruzó el convoy "como un loco".

PENSÓ QUE PODRÍA SER "UNA BROMA".

Este hecho le llamó la atención, ya que esta persona no le pidió perdón e incluso indicó que se fijó más aún en su cara por si "esa persona era conocida o le estaba gastando una broma". Después, la testigo recordó el momento de la explosión y dijo que una vez que el tren paró su recorrido en la estación de Santa Eugenia, "la gente se bajó, se cerraron las puertas y el tren explotó".

También precisó que en ningún momento vio a Zougam bajar del tren y sólo recuerda que éste atravesó el vagón para acceder a otro.

A preguntas del defensor de Zougam, José Luis Abascal sobre si había consultado en días posteriores a la masacre periódicos o visto la televisión la testigo dijo que "no tenía fuerzas para ver nada", tras lo cual el letrado repuso que, no obstante la testigo sí había tenido fuerzas para acudir a declarar. El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, retiró entonces la pregunta por "impertinente en el sentido literal de la palabra" y llamó al abogado la atención por rebasar "las mínimas formas de educación".

TESTIMONIO EMOCIONADO.

Durante el interrogatorio de Abascal, la testigo rompió a llorar y se vió obligada a detener su testimonio. Gómez Bermúdez le ofreció descansar durante unos minutos para recuperarse, ofrecimiento que la testigo rechazó continuando con sus respuestas. Al final de la declaración el presidente del tribunal le pidió "disculpas" por "el mal rato que se le había hecho pasar".