El candidato a la Junta, coportavoz estatal y líder de Podemos en Castilla y León, Pablo Fernández, interviene en un acto público de campaña electoral, en el Polideportivo Lavaderos, a 5 de febrero de 2022, en Burgos, Castilla y León (España). - Tomás Alonso - Europa Press
El adelanto electoral de Castilla y León no llegó en buen momento para Unidas Podemos, que estaba en plena fase de rearme territorial, volcado en proponer un frente amplio de cara a Andalucía, y suponía afrontar la primera cita del próximo ciclo electoral en una comunidad que no es un bastión de voto de izquierda.
Frente a este contexto, el espacio confederal reaccionó al sellar, por primera vez en esta comunidad, la confluencia de Podemos e IU, que hasta la fecha se presentaron por separado, y junto al partido ecologista Alianza Verde aspiraban a evitar la fragmentación del voto a la izquierda del PSOE. Un espectro, además, al que aspiraba en solitario dado que otras fuerzas progresistas, como Más País, no han concurrido a estos comicios.
No obstante, la fórmula ha supuesto un retroceso y lejos de los resultados de 2019, comicios con más participación, dado que los dos partidos sumaron por separado alcanzaron 100.449 votos (68.869 sufragios en el caso de los morados y 31.580 en IU). El hito electoral en esta región lo obtuvo Podemos en 2015, cuando la formación morada logró 165.475 votos y 10 procuradores mientras que IU en solitario obtuvo un diputado regional y 221.991 electores.
DEBACLE EN GALICIA Y PAÍS VASCO Y CONSOLIDACIÓN EN MADRID Y CATALUÑA
De esta forma, Unidas Podemos vuelve a dar signos de bajada en una cita electoral autonómica después del descenso generalizado de respaldo electoral que experimentó en 2019 y el batacazo de las elecciones en Galicia y el País Vasco de 2020. En el primer caso, pasó de ser la segunda fuerza política en el Parlamento gallego a quedarse sin representación y en Euskadi redujo casi a la mitad, de pasar de 11 a seis escaños.
Una tendencia que pudo parar en las elecciones catalanas, donde la lista de los comunes encabezada por Jéssica Albiach logró revertir la mayoría de encuestas que pronosticaban descenso severo y retuvo sus ocho diputados en el Parlament.
RENUNCIA DE IGLESIAS TRAS LOS COMICIOS DE MADRID
Luego llegaron las elecciones madrileñas del 4 de mayo de 2021 que supusieron un terremoto político y Unidas Podemos, ante las bajas expectativas iniciales, apostó por una jugada arriesgada y decidió presentar a su principal activo político entonces, el exvicepresidente Pablo Iglesias para propiciar un cambio político desde la movilización del electorado de izquierda.
Ese movimiento les llevó a elevar sus representantes de 7 a 10 diputados (con un 7,2% de los votos) pero no impidió la mayoría holgada de la popular Isabel Díaz Ayuso y supuso el abandono de la política de Iglesias, que vio como Más Madrid protagonizaba el 'sorpasso' al PSOE en esta región.
Todo ello provocó el primer relevo en el liderazgo nacional de Unidas Podemos y el paso a un modelo de bicefalia, con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, al frente del espacio en el Gobierno y con la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, al mando de la formación morada.
EL FORTALECIMIENTO TERRITORIAL SIGUE PENDIENTE
Para ese nuevo horizonte, la nueva dirección de Podemos puso el foco en atajar su debilidad territorial y puso como prioridad revitalizar sus estructuras en comunidades y municipios, robustecer las alianzas con formaciones como IU y más pluralidad en los liderazgos con portavocías más colares, que potenciara su voz en los territorios tras una era de 'hiperliderazgo' de Iglesias.
Además, acuñó la expresión de frente amplio y su disposición a lograr alianzas con otras formaciones de izquierda y con la sociedad civil, en sintonía con el proyecto que trata de impulsar Díaz.
Sin embargo, este proceso no le ha servido para revitalizar sus opciones, dado esa plataforma no ha arrancado y la ministra de Trabajo, cuya presencia en la campaña electoral ha sido mínima con solo un acto, sigue sin fecha para iniciar el proceso de escucha activa con la sociedad civil.
Y es que su planteamiento, como ha evocado Díaz en varias ocasiones, es dar el protagonismo a la sociedad y dejar en un segundo plano a los partidos políticos.
LA POLÉMICA DE LAS MACROGRANJAS NO LES DA RÉDITOS
Tampoco la polémica sobre las declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, sobre las macrogranjas ha sumado para los morados, pese a que en el espacio confederal vieron esta controversia como un filón al denunciar la campaña de "bulos" y "mentiras" que atribuyeron al PP y el actual presidente, Alfonso Fernández Mañueco.
Las críticas a casos de presunta corrupción que salpica a los populares, la llamada al voto 'verde' y sus propuestas para afrontar la despoblación tampoco han calado en estos comicios.