SANTIAGO DE COMPOSTELA, 3 Oct. (EUROPA PRESS) -
El presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, advirtió hoy de que la reforma del Estatuto trabaja "a un ritmo menos intenso del que se podría estimar como óptimo" y reclamó a los grupos parlamentarios "generosidad" para acordar un pacto que garantice el reconocimiento del "carácter nacional" de Galicia.
En su intervención en la apertura del Debate sobre el Estado de la Autonomía, que se prolongó cerca de dos horas, Touriño empleó la parte final de su discurso para proponer un acuerdo sobre la reforma basado en el consenso y en el respeto a la Constitución y que, según él, "significará inevitablemente renuncias" de todas las partes.
A su juicio, uno de los ejes de la revisión estatutaria debe ser "el galleguismo" que profesan todas las fuerzas políticas de la comunidad y que "asume desde siempre el carácter nacional de Galicia". Al respecto, agregó que "la identidad nacional" constituye "un elemento de unidad y no de división", por lo que apostó por "afirmarla con serenidad y sin dramatismos".
"Aspiramos a que nuestro carácter nacional sea expresado y recogido en el Estatuto, bajo una fórmula de consenso y que garantice que los gallegos y Galicia no perdamos el estatutus que hoy poseemos en relación con los demás", proclamó.
NO RETARDAR
Además, reclamó a las fuerzas políticas "no retardar el proceso", con la meta de que el Parlamento gallego concluya la reforma "antes de finalizar el año". Al respecto, agregó que los partidos deben atender "exclusivamente a las necesidades y aspiraciones propias de la comunidad" y, por contra, rechazar actitudes basadas en "extraer ventajas partidistas pensadas para el corto plazo ni favorecer estrategias que se disputan en otros terrenos lejos de Galicia", en alusión, aunque sin citarla, a la dirección nacional del PP.
Por ello, mantuvo que ante este "Estatuto de encuentro" no caben "posturas numantinas ni enrocamientos o posiciones inamovibles", al tiempo que alertó de que los gallegos "no soportarían un segundo 'aldraxe'", en alusión a la manifestación convocada en diciembre de 1979 para protestar contra el recorte de las aspiraciones autonomistas que pretendió aplicar a Galicia el Gobierno de Adolfo Suárez.
Así, en su comparecencia, el presidente se esforzó en apelar al consenso de los tres partidos, a los que, tras advertir de las consecuencias de aprobar un texto "de segunda", animó a aprovechar el "desafío" que supone este proceso para alcanzar un "consenso histórico, hasta ahora inédito, que daría a Galicia una fortaleza y energía incalculables como país".
Según él, el Estatuto que propone permitiría a la comunidad lograr la "meta de la convergencia real" con las regiones más avanzadas "en el horizonte próximo" y, por ello, "hoy más que nunca", apeló a la "responsabilidad de compartir una estrategia como país, de sumar y no dividir" para dar luz verde a "un Estatuto de primera".
Al respecto, consideró que el acuerdo de bases firmado en el mes de junio entre PSdeG y BNG representa un "importante primer paso en esa dirección", puesto que resultó de "un intenso diálogo entre dos fuerzas políticas que, sin ocultar sus diferencias sobre cuestiones sustantivas, son capaces de trabajar juntas y poner los intereses de Galicia por encima de sus legítimos intereses partidarios". "Una propuesta hecha para sumar", añadió.
Touriño invitó a las tres fuerzas con representación parlamentaria a comprometerse "con el objetivo de que Galicia no quede ni un milímetro por debajo de lo alcanzado por ninguna otra autonomía en competencias, capacidad financiera y recursos y en el reconocimiento de nuestra identidad nacional".
REFORMA DE LA FINANCIACIÓN
Además, reclamó que la reforma de la financiación consolide la autonomía financiera y la corresponsabilidad fiscal, la suficiencia de recursos, la solidaridad y la cohesión, partiendo de la estimación de las necesidades de gasto de cada comunidad como "referencia básica" y con una "ponderación adecuada" de los factores propios de Galicia, como son el envejecimiento, la dispersión y la población residente en el exterior.
De igual modo, demandó una revisión "sustancial" del Fondo de Suficiencia para garantizar la igualdad de los territorios en la prestación de servicios públicos, así como del Fondo de Compensación Interterritorial para "hacer posible una auténtica política de desarrollo regional".
En cuanto a las inversiones del Estado en la comunidad, el presidente abogó por introducir cláusulas de garantía de salvaguarda respecto a la evolución de las partidas totales territorializadas, al tiempo que apostó por establecer objetivos cuantitativos de inversión, vinculados a porcentajes superiores a la aportación de Galicia al PIB y a su peso poblaciones, con el propósito de que, en un período de diez años, se recupere el déficit históricos de las infraestructuras".
Además, Touriño aprovechó para reivindicar que la comunidad "vuelve a ser capaz de jugar un papel de relevo en la España plural" y atribuyó a su Gobierno la capacidad de "trasladar a la sociedad" la reforma del Estatuto, para que "sea consciente de que lo que se juega en este proceso es importante y no responde a un capricho de políticos aburridos".
CAMBIO SUSTANTIVO
De igual forma, proclamó que la constitución del bipartito supuso un "cambio sustantivo en la percepción" de Galicia en el resto de España, frente al "país sin pulso, huérfano de proyecto y de horizonte" que, según él, asumió hace un año. "Los síntomas eran claros: inercia en la esfera de la actividad económica, resignación ante los estragos del territorio, carencias sociales y descomposición en el ámbito político", aseveró.
Asimismo, empleó una metáfora para proclamar que "el tren se encaminaba, renqueante y menguado, a una vía muerta" y añadió que este análisis no es de su "autoría, sino que fue compartido por la sociedad gallega en su conjunto". En consecuencia, comparó las medidas acometidas por su Gabinete con las de la anterior Administración, a la que ubicó en una "lucha sin cuartel entre boinas y birretes".
En este sentido, consideró que "si todo Gobierno acaba por tener su fotografía", frente al "proceso de regeneración democrática" acometida por el bipartito para "devolver a las instituciones prestigio y destejer las redes clientelares", la imagen del "tardofraguismo quedó prendida en la retina de miles de gallegos".
"No fue la de la célebre cacería --en la que participaba el ex presidente al principio de la crisis del 'Prestige'--, sino aquella que a muchos nos permitió conocer la existencia de Monte Pío. Con nocturnidad y alevosía se trataba de evitar, echando mano de la cartera pública, la descomposición del partido gobernante", concluyó, en alusión a las reuniones de Fraga con dirigentes del PP en la que por entonces era su residencia oficial.