BARCELONA 9 May. (EUROPA PRESS) -
El ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, advierte hoy, en un artículo de opinión colgado en el boletín de su centro de estudios, que "el poder puede estropear" la política, cuando "unos políticos deciden modificar sus posiciones y planteamientos para adecuarse mejor a la misma estructura del poder, dejando de lado los principios que les llevaron a donde están".
Sin mencionar ningún partido, nombre o caso concreto, Pujol reflexiona sobre la actividad política en un texto titulado 'El camino más duro' en el que advierte de las "consecuencias" de estas actuaciones, que "van desde el descrédito de la política y los políticos a la frustración colectiva".
"Si todo esto pasa en momentos decisivos de la vida de los pueblos los resultados pueden ser aún más contraproducentes. El círculo se puede ir ampliando y a la frustración y el descrédito hacia los políticos se le puede añadir la falta de confianza en nosotros mismos, en la sociedad, y en definitiva, en el propio país. Y habríamos escogido el camino más duro. Habrá que tenerlo presente", concluye su disertación.
Pujol recuerda que en democracia "los que deciden quien gobierna son los ciudadanos" con su voto, que depositan "su confianza en los políticos" y "esperan de ellos, en franca correspondencia, una conducta según los principios que declara defender". Les exigen "una actitud coherente" y "una actuación responsable que hace aparecer al político ante la sociedad como una persona sincera, en quien se puede confiar y, por tanto delegarle un liderazgo positivo", añade.
Sin embargo, "a menudo el poder puede estropear la ecuación" puesto que "lo que hasta el momento era un medio" se convierte "un fin", en "una oportunidad de prolongar el mandato democrático a través del control de la estructura".
"Lo que sucede es que la gestión eficiente, la excelencia exigible en los que representan el conjunto de los ciudadanos" pasa "a un segundo término" y aparece el descrédito de los políticos y la frustración colectiva. "Con el agravante de que la pendiente es muy pronunciada: el político entonces calla por temor, evita contradecir la opinión equivocada, intenta no quedar mal ante nadie. En definitiva se muestra débil y, en consecuencia, inspira poco respeto".