Por una revolución intelectual

Por una revolución intelectual, por un debate serio que piense en el bien común
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Europa Press Nacional
Actualizado: miércoles, 9 marzo 2016 17:38

MADRID, 9 Mar. (EDIZIONES, por el abogado-politólogo Juan Gonzalo Ospina) -

En 1675 John Locke público la obra "Carta sobre la Tolerancia", convirtiéndose en unos de los primeros autores en exponer que la soberanía nace del pueblo, poniendo de manifiesto la necesidad de establecer una división de poderes. Locke sería, junto con Rousseau, el padre de la posterior revolución liberal por excelencia, la independencia de los EEUU en 1776 y su posterior Constitución de 1787. Por su parte Voltaire y su crítica obra contra el absolutismo, serían uno de los detonantes intelectuales de la Revolución Francesa de 1789.

La España de 2016, sumida en plena convulsión política, echa en falta ese debate serio y profundo de ideas. El debate filosófico del bien común y la búsqueda de la verdad ha quedado relegado por discursos falaces cargados de estereotipos anticuados propios de platós de televisión, alejados del debate de Estado que requiere una democracia.

Políticos que se quedan en el "y tú más", en criminalizar la "empresa y el ibex"; políticos que siguen vendiendo la panacea de "lo público" como único mantra solucionador de problemas, olvidando que la riqueza no la crean los estados sino las personas que los conforman.

En el otro lado del espectro político tenemos un partido que se dice "liberal" pero que ha caído en el pasado en los peores defectos del absolutismo del s. XVIII con unas leyes que limitan la división de poderes, una ley electoral que confunde la elección del legislativo y el ejecutivo, un poder judicial que soporta en sus espaldas la triste duda de la intromisión política, y unas leyes que no respetan la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos ¿Es esto defender los principios liberales de igualdad, de libertad y de justicia? No.

En España, antes del debate superficial de ideas, necesitamos protagonizar una verdadera revolución intelectual que proponga soluciones a los problemas de la gente. El debate del aumento del gasto público, como excusa para generar bienestar, a través de impuestos no sólo es anticuado sino que es mediocre. Apple, Google y Facebook tienen unos beneficios que son el triple que todo el PIB de economías estatales.

Referidas empresas, como tantas otras, demuestran que en pleno s. XXI la riqueza de un país no viene desde la asfixia tributaria sino desde la facilidad para emprender y avanzar en ciencia, tecnología y servicios. Las economías sumidas en producción industrial están a años luz de las potencias económicas a las que debería añorar España.

La solución tampoco es eliminar el gasto público y los servicios estatales sino abrir un debate serio y de rigor de por qué estos servicios están fallando. La universidad pública española falla. Un servicio caro y mediocre no puede considerarse un servicio público. Lo mismo ocurre con la sanidad, el transporte, etc. La ciudadanía merece iniciar una revolución intelectual que reclame unos servicios públicos de calidad, y no como meros eslóganes de todo con el pueblo pero sin el pueblo, frases que en pleno siglo de la comunicación ya no cuelan.

"El progreso intelectual del hombre depende de la frecuencia en que pueda cambiar una vieja superstición por una nueva verdad." Robert Green Ingersoll.

Juan Gonzalo Ospina  

Abogado - Politólogo

Socio-Penal López-Negrete & Ospina Abogados.

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