El alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, en la presentación de la colección Ciga en el Civivox Pompelo. - CRISTINA NÚÑEZ BAQUEDANO
PAMPLONA 13 Feb. (EUROPA PRESS) -
El Civivox Pompelo acoge desde este mes de febrero la colección museográfica permanente del pintor pamplonés Javier Ciga Echandi (1877-1960). Quedan expuestas de forma estable, en el céntrico edificio de Pamplona, 133 obras.
Este viernes han presentado al público la Colección Ciga el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, la concejala delegada de Cultura, Fiestas y Deporte, Maider Beloki, y el presidente de la Fundación Ciga y comisario de la colección, Pello Fernández.
La muestra quiere ser un recorrido por un legado pictórico que refleja la sociedad de hace más de un siglo, sin perder contacto con la realidad actual. Esta muestra, en la que han colaborado el Museo de Navarra o la Fundación Caja Navarra, entre otros, busca crear un espacio de goce artístico, de reflexión y de pensamiento crítico, con vocación de transformación social, y poner el legado del pintor al servicio de la ciudad de Pamplona y de Navarra, cumpliendo así los deseos de la familia y de la Fundación Ciga.
Javier Ciga desarrolló su trayectoria en Pamplona, Madrid y París, y reflejó la coherencia de su inquietud vital en el realismo social de su pintura y en su militancia política en favor del Partido Nacionalista Vasco. Su trayectoria en este último ámbito le llevo a sufrir la detención, tortura y encarcelamiento durante la Guerra Civil, e hizo que el pintor hoy sea también una voz de la memoria, a través de sus dibujos de la cárcel, según ha destacado el Ayuntamiento en una nota.
La muestra, que se encuentra en una sala en la planta -1 del Civivox Pompelo, permite un amplio recorrido por la obra del pintor. Recoge, como la trayectoria del creador, un gran espectro de géneros: retrato, pintura etnográfica, paisaje, bodegón, pintura religiosa, desnudo, temas históricos, alegóricos y simbólicos, etc., además de una buena cantidad de técnicas diferentes, desde el óleo, al dibujo (lápiz, carboncillo, aguada), pasando por la acuarela o el cartel sanferminero. Como eje de desarrollo, la inquietud de Ciga por lo esencial es una trascendentalidad que define su pintura y que explora, desde el realismo, el contenido metafísico de lo que plasma, sean personas, paisajes o costumbres.
En esta apertura de la colección museográfica permanente de Ciga hay un cuadro "invitado", un préstamo temporal del Ayuntamiento de Pamplona, la obra titulada 'El mercado de Elizondo', que el pintor presentó en París en el Salón de Primavera de 1914. Este cuadro, de gran formato, preside habitualmente los encuentros en el Salón de Recepciones de la Casa Consistorial.
La colección se puede visitar de lunes a sábado de 11.30 a 13.30 horas y de 18 a 20.30 horas, siempre con entrada libre.
La muestra comienza con el autorretrato de 1912 en su etapa parisina, en un periodo de formación y consolidación. Los estudios del creador comenzaron en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona en 1892; en 1908, 1909 y 1910, consiguió tres primeros premios en el concurso de carteles de San Fermín, aunque también firmaría los de 1917, 1918 y 1920, renovando el género del cartel sanferminero e incluyendo elementos propios de la cultura local.
Gracias al mecenazgo de su pariente Urdampilleta, el artista continuó su formación en Madrid (1909-1911). Ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y estudió con docentes y artistas célebres, obteniendo el título de profesor. Luego, en 1912, comenzó su aventura parisina, una ciudad donde residirá un par de años, hasta el inicio de la I Guerra Mundial. Allí incorporó los nuevos usos y técnicas del impresionismo, postimpresionismo y constructivismo, siempre dentro de la perfección realista. Su carta de visita fue, en 1914, 'El mercado de Elizondo', que le acreditó como miembro del Gran Salón de París y le consagró como un referente pictórico de la pintura navarra de la primera mitad del siglo XX.
A su vuelta del país vecino se inició una etapa de madurez marcada por su participación en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid de 1915 y 1917. Para esta última presentó su otra gran obra maestra, 'Un viático en Baztán'. En 1917, además, abrió su academia, lo que le proyectó en la siguiente generación de pintores navarros, desarrollando un trabajo como maestro de pintores y pintoras a lo largo casi de los siguientes 40 años.
Tras la I Guerra Mundial, y en un momento políticamente controvertido, Ciga debutó como concejal del Partido Nacionalista Vasco, una representación pública que ejerció de 1920 a 1923 y de 1930 a 1931. En plena Guerra Civil el pintor fue detenido, torturado y encarcelado, lo que supuso un importante parón en su proceso creativo, algo que, unido a sus enfermedades y problemas físicos, influirá negativamente en su última etapa de 1939 a 1960.
La obra de Ciga hunde sus raíces en el romanticismo y en el realismo. Del primero tomó su amor a la tierra y a las gentes que inspiraron su obra, del segundo su obsesión por plasmar la realidad y llegar a la perfección, superando el academicismo. Pintados hace más de un siglo, según los especialistas sus cuadros tienen plena vigencia en la actualidad ya que, aunque las realidades plasmadas en los lienzos son distintas, el centro de su pintura es en realidad el ser humano y sus problemas.
Tanto desde el realismo social que demanda 'despensa y escuela', como desde el enfoque de pintura etnográfica, la vida se dispone en los lienzos dejando espacio a miradas empáticas con mundos marginados como el femenino ('Mujeres agotes'). El pintor recrea modos de vida, trabajos, costumbres, tipos, y en definitiva, la vida en toda su complejidad: trabajo, ocio, romerías, idilios amorosos, vivencias en la plaza, salida de misa, ritos funerarios, emoción religiosa etc.
De su fase de París destacan los paisajes, experimentando usos y técnicas impresionistas y postimpresionistas, y algún desnudo femenino, aunque seguirá haciendo incursiones en los paisajes con estampas de Pamplona o Baztan. Naturalezas que combinan con el género bodegón, que está presente a lo largo de toda su carrera pictórica. Tanto paisajes como naturalezas muertas no son en Ciga meras reproducciones, sino que la imagen recogida trasciende hacia lo metafísico.
En la colección permanente hay también un espacio para el retrato, desde la influencia posromántica con fondos neutros que concentran toda la atención en los rasgos físicos y psíquicos del retratado, hasta el retrato histórico, que el autor aborda desde la naturalidad con ejemplos como los de Arturo Campion o Manuel Ruiz de la Torre. Destacan los retratos infantiles y también, una serie de dieciocho dibujos realizados en la cárcel a algunos amigos, entre ellos los hermanos Irujo, Aquiles Cuadra y algunos baztandarras encarcelados. Un paso más será la pintura alegórica-simbólica que plasmó la nueva mitología creada por Navarro Villoslada, en una aproximación cercana al etno-simbolismo y resaltando la singularidad del pueblo vascón.
Con ocho carteles de San Fermín, seis de ellos anunciadores de la fiesta, a Ciga se le puede considerar como uno de los grandes cartelistas de las fiestas de la ciudad, tanto por el número de obras, como por la calidad de las mismas. Se reveló como un renovador de la técnica del cartel festivo desde los valores puramente pictóricos e introdujo en sus creaciones los gustos, costumbres festivas y personajes de la ciudad.