Actualizado 18/02/2012 13:00

Antonio Casado.- Habla la calle.

MADRID 18 Feb. (OTR/PRESS) -

Me consta que la nueva delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, como es su obligación, se ha reunido con los líderes sindicales para concertar una común voluntad de evitar incidentes violentos en la manifestación de este domingo, día 19.

Es una de las muchas que se celebrarán en distintas ciudades contra la reforma laboral del Gobierno, aunque es en la capital de España donde el riesgo es mayor. Entre otras cosas por la segura presencia de los llamados "indignados" del 15M en su versión más radical, justamente la que en estas vísperas está difundiendo ataques contra los máximos responsables sindicales por su supuesta desidia a la hora de defender los intereses de los trabajadores españoles.

Es lógico que a los sindicatos, aquejados por una evidente pérdida de prestigio, no les interese una deriva violenta de las marchas del domingo. Así que están tan interesados como el Gobierno en marcar la distancia entre los alborotadores y los que, con todo el derecho, se echarán a la calle para protestar contra una reforma del mercado de trabajo que facilita el despido, recorta derechos, faculta a los empresarios para reducir salarios como palanca de ajuste y precariza aún más el empleo.

Contra todo eso quieren los sindicatos que hable la calle. Más aún, que se convierta en un clamor contra el decreto ley 3/2012. Y quieren hacerlo en paz, sin violencia, sin nada que pueda recordar ni siquiera vagamente lo que está ocurriendo en Grecia. Esto también lo quiere el Gobierno. Y en un plano más político, quiere Moncloa que las movilizaciones del domingo, y las del día 29, sirvan para desacreditar aún más a los sindicatos.

Me explico. Desde el Gobierno se hace circular el mensaje de que los sindicatos son máquinas averiadas en manos de burócratas adictos a la subvención. Ese mismo discurso trata de explicar que si ahora convocan estas movilizaciones contra la reforma del mercado de trabajo es porque saben que ésta les quita poder y privilegios. Un discurso oportunamente secundado por las terminales mediáticas del PP y nuestro Tea Party de cercanías, empeñados en presentar a los sindicatos como un nido de "paniagüados" dirigidos por unos vividores de la ostentación y las comilonas por cuenta del dinero publico.

Ya veremos el domingo, al terminar la jornada, cuál es la temperatura del malestar social por la reforma laboral y cuál es la verdadera capacidad de arrastre de los sindicatos que, hoy por hoy, efectivamente, está en entredicho. Atentos, pues, a los dos indicadores: credibilidad sindical y motivación ciudadana. Y ojalá que solo hablemos de eso. Lo que en ningún caso debe ocurrir es que en el cierre de la jornada del domingo acabemos hablando de actos violentos y desórdenes públicos. Sindicatos y Gobierno están haciendo todo lo posible por evitarlo.

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