MADRID 8 Ene. (OTR/PRESS) -
Hay pocos animales que sean tan estúpidos como para fomentar su propio suicidio. El hombre es uno de ellos. Hay líderes y políticas que han llevado a países y a civilizaciones enteras al suicidio, en muchas ocasiones, con el asentimiento y el clamor de muchos de sus ciudadanos. Es una constante que se ha venido repitiendo en el tiempo y alguna está todavía cercana en el tiempo. Es posible que este sea uno de esos momentos. Esas etapas tienen mucho que ver con el hastío de la gente, con la fatiga y la decadencia de algunas culturas, con la pérdida de valores trascendentes y su sustitución por un egocentrismo consumista, por el abandono de la búsqueda de lo que nos une y su sustitución por intereses personales o de grupo. También, siempre, por la corrupción.
Hoy asistimos, dentro y fuera de nuestras fronteras a una perversión de las democracias, a gobernantes que manipulan las instituciones o las ignoran, al postergamiento, colonización y burocratización de las instituciones nacionales o internacionales que se crearon para evitar o resolver los conflictos, al imperio de la fuerza, al desprecio de la ley y de la justicia, al aplauso de muchos ciudadanos a quienes actúan así. Al menos hasta que afecte a sus intereses. También al viejo debate entre libertad y seguridad.
La actuación de Trump en Venezuela es el mejor ejemplo, pero no el único. Tal como se está demostrando, a Trump no le interesan para nada los venezolanos o su libertad ni tampoco que allí un grupo de delincuentes corruptos que perdieron las últimas elecciones, utilicen el poder para enriquecerse, para detener y encarcelar a los que no piensan como ellos, para servirse de alianzas con personas y países tan corruptos y dictatoriales como ellos y obligar a un tercio de la población, casi diez millones de venezolanos, a tener que exiliarse. Trump ha detenido a Maduro y se ha asegurado el control del petróleo venezolano y ha dejado al frente del poder a los que de verdad manejaban los hilos asesinos y corruptos que movían a la marioneta.
Trump ha despreciado a María Corina Machado y a toda la oposición venezolana que sigue jugándose la vida. A Trump no le interesa una Venezuela libre y democrática ni una Cuba libre. A Trump le interesa controlar el negocio, su negocio y el de unos pocos. Amenaza con invadir Groenlandia si no la puede comprar con el dinero de los americanos. Desprecia a Europa, desprecia a una ONU depreciada, a una OTAN en riesgo de desaparecer. Estaría encantado de repartirse el mundo con otros dos infames personajes que desde hace años aplican la misma polìtica basura -Putin y Xi Jingpin- y sigue un camino firme donde solo valen sus intereses y donde cualquier arma se puede aplicar contra quien se oponga.
A ninguno de ellos les interesa, si no tienen algo que llevarse, lo que está pasando en Ucrania, en Gaza, en Siria, en Irán, en Afganistán, en Sudán, en Yemen, en todo el Sahel, en la República Centroafricana, en Nicaragua, en Cuba, en Haití... No les interesan las decenas de miles de muertos, el exilio de millones de ciudadanos, los campos de refugiados, las violaciones de los derechos humanos, el encarcelamiento de los opositores, los abusos de los gobernantes. No les interesa la libertad o la democracia. Sólo les mueven sus intereses, dominar el mundo y callar a los que les pueden hacer sombra.
No son solo ellos tres. La polìtica europea y la española son también políticas basura. Una Europa vieja, burocratizada y sin voz propia no pinta nada en el panorama mundial y separada de Estados Unidos no puede contribuir eficazmente a la paz en el mundo. El siguiente paso de Trump puede ser revalorizar el papel de Marruecos para debilitar un poco más todavía, a la vieja Europa. y al "soldado rebelde Sánchez" y a su mentor y cómplice Rodríguez Zapatero, el hombre que despreció la bandera de Estados Unidos, y ha rentabilizado sus negocios con China y su defensa del corrupto régimen venezolano.
No parece fácil que la sensatez vuelva las conciencias, que los más poderosos respeten la ley y la democracia y que las instituciones cumplan su papel de defensa de las libertades y la justicia. Al menos mientras quienes tienen el poder sólo busquen aumentarlo sin importarles cómo. Pero al menos debería hacernos reflexionar. Hoy son los venezolanos los afectados, mañana, tal vez los cubanos. Pronto podemos serlo nosotros. Y aquí andan muchos aplaudiendo.