MADRID 19 Jun. (OTR/PRESS) -
Inquietud en los que se ven al borde del abismo del paro. Inquietud en los que ya se han instalado en él sin un horizonte de esperanza. Inquietud en la Policía por la gran marcha que el 15-M celebra hoy en Madrid. Inquietud en el PSOE porque no es seguro que su ya candidato oficial pueda con la losa electoral que se les augura. Inquietud en el PP porque si gobiernan se encuentran con un país lleno de charcos. Inquietud en los mercados, en la Bolsa, en las empresas, en los medios de comunicación, en los trabajadores. Inquietud en el Gobierno porque no es seguro que su empeño por agotar la legislatura se convierta en objetivo fallido.
Todas estas inquietudes o al menos la parte de ellas y en mayor o menor medida, veníamos conviviendo desde hace semanas. Sin embargo desde el pasado día 22 hay que añadir una nueva inquietud, esta con mayúsculas, que no es otra que la generada no ya por la legalización de Bildu, que también, sino por el altísimo grado de poder que ha alcanzado en el País Vasco y de manera especial en Guipúzcoa, territorio en el que se han hecho fuertes y estás dispuestos a hacerse notar.
Esta inquietud con mayúscula es una inquietud que ya es una vieja conocida entre los vascos y que con el acoso a ETA y a quienes , por activa o por pasiva, la apoyan y la llegada al gobierno de un socialista como Patxi López, se creía ya conjurada. Pero no. Ha vuelto y lo ha hecho en forma de ese silencio espeso que tantas veces se ha adueñado de muchos pueblos vascos. Ha vuelto en forma de chulería y altanería de los ganadores y con la toma de decisiones que producen más agobio a los que ,desde hace muchos años viven agobiados.
Sabedores de que no hay normativa que les pueda obligar a lo contrario, optan por prohibir la entrada de escoltas o retirar arcos de seguridad y sabedores de que en la ley no hay nada establecido al respecto, los electos optan por colocar en diversos puestos a aquellos que con toda seguridad no hubieran superado el test de la justicia si hubieran sido candidatos. Bildu gobierna y Batasuna manda. Maite Pagazaortundua, presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, ponía voz al estupor que ha provocado el que los que tenían en sus manos evitar la legalización "no hayan visto lo que vemos todos". Los legalizados se han movilizado de inmediato para manifestar su protesta por la detención de Iñaki Domínguez Atxalandabaso, detenido en Francia con toda clase artilugios para fabricar, entre otras cosas, detonadores con mano a distancia. Los demócratas nos alegramos de los éxitos policiales. Los que pretenden que les consideramos como tales, se lamentan y se manifiestan. ¿Cómo es posible que ETA no les moleste, no les repugne?, se preguntarán algunos. Esta duda solo es admisible desde el desconocimiento de la realidad, desde el espejismo bienintencionado de que una vez que gobiernes se van a moderar. Ni Bildu traerá la paz, ni se van a moderar. Jugarán con las palabras. Harán que quieren acuerdos, evitarán pisar determinados charcos, pero nada más. Se saben fuertes y tienen la convicción de que han llegado para quedarse. Esta fuera de lugar creer que ETA va a decir adiós a las armas por el hecho de que Bildu gobierne en San Sebastián y en Guipúzcoa.
Como todo esto se sabe en el País Vasco, es por lo que ha vuelto la inquietud con mayúscula, el silencio espeso, el desasosiego ante determinadas miradas y la impotencia al comprobar que la famosa noria vasca vuelve a estar en funcionamiento.
No hay inquietud buena, salvo aquella que nos interpela cómo ser mejores, pero, créanme, la inquietud de muchos, muchísimos vascos hay que escribirla con mayúscula.