Actualizado 25/01/2007 01:00

José Cavero.- Decisiones para sus señorías

MADRID 25 Ene. (OTR/PRESS) -

Sobre las mesas de los jueces y magistrados es fácil y frecuente que caigan asuntos de la mayor trascendencia. En este momento los tiene bien variados y trascendentes: la vida y la libertad del sanguinario etarra De Juana Chaos es una de ellas. Pero también si es razonable o no que el lehendakari se reúna y debata con Otegi. O si en las corrupciones urbanísticas frecuentes, de cada día, hay razones para actuar o se ocultan motivaciones políticas inconfesables. La cuestión del etarra que, en un primer momento, fue condenado por 25 asesinatos a tres mil años de cárcel, es de los que a pocos dejan indiferente. ¿Qué podría, o qué debería hacerse con este individuo?

Primero, los datos: Ha cumplido la sentencia por esos asesinatos, sin duda con muy considerables rebajas, pero ésa es una historia distinta. A De Juana, seguidamente, "le toca" el indudable endurecimiento judicial que supone la llamada Doctrina Parot, que se origina por la alarma que origina el hecho de que sanguinarios criminales condenados a cientos de años puedan regresar a la libertad al cabo de no más de una década, y sin el menor signo de arrepentimiento o reconsideración de su pasado criminal. "Víctima" u objeto de esa doctrina, a Parot se le juzga seguidamente, ya en fecha reciente, y cuando hacía proyectos con su próxima puesta en libertad, por haber publicado artículos en Gara en los que, dicen unos, hacía apología del terrorismo, dicen otros que incluye señalaba a "deseables víctimas" para la banda ETA, y en los que, para los menos severos críticos, De Juana ejercía el oficio que querría desarrollar en el futuro: el de escritor y opinante. Lo cierto es que se discutieron penas muy severas, de hasta 90 años la más alta, y fue condenado nuevamente, en medio de una cierta controversia sobre la conveniencia política del juicio y de su sentencia de cárcel "añadida" a la ya cumplida en los criterios anteriormente vigentes. A partir de ahí, De Juana se suma al llamado "proceso" y a la idea de que el final de ETA se negocie y pacte con el Estado. Y, entre tanto, protesta contra la sentencia con su huelga de hambre, que le lleva a asomarse a la mismísima muerte o deterioro físico irrecuperable. Así las cosas, se produce el atentado contra la Terminal 4 de Barajas, en el que la banda ETA produce la muerte a dos personas, y congela el proceso de paz, no se sabe bien si con efectos definitivos o temporales... Pero, en todo caso, no hay duda de que su muerte por causa de la huelga provocaría efectos seguramente indeseables en las cárceles y en el mundo del llamado "abertzalismo" más o menos duro o blando, por igual.

Y ahora, juzgue usted. ¿Lo enviaría a casa con un escolta? ¿Forzaría su dieta hospitalaria para impedir que siga deteriorándose? ¿O procedería a alguna actitud de generosidad? Pues es lo que tienen que determinar sus señorías los magistrados de la Audiencia, a menudo señores de la libertad y la vida...

José Cavero.

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