Actualizado 28/10/2007 02:00

José Cavero.- La prueba del AVE

MADRID 28 Oct. (OTR/PRESS) -

Se encuentra este gobierno 'ante la prueba del nueve del AVE'. Y ahora mismo, AVE no es el de Madrid a Sevilla, que funciona modélicamente, ni el que muy próximamente se debe prolongar a Málaga, ni el que se debe estrenar a Valladolid, ni el que ya empieza a anotar retrasos espectaculares a Valencia. No hay otro AVE que el que, desde Tarragona, hasta donde ya funciona desde hace un par de años, debe conducir a Barcelona, y que para ello debe terminar de superar los interminables escollos que viene comprobando en sus kilómetros finales. No hay día sin socavón nuevo, sin complicaciones sobrevenidas, sin adversidades siempre distintas y renovadas. Este es el AVE de nunca acabar, como ya comprobaron los gobiernos del PP, y como viene comprobando el gobierno de Zapatero, comprometido a inaugurar tan abstrusa vía antes de las elecciones de marzo. ¿Dónde están las dificultades insalvables? Una y otra vez se repasan las complicaciones que surgen a diario: los socavones, los hundimientos, los corrimientos de tierras, la complicación que surge al tener que coincidir en un punto con los Ferrocarriles de Cercanías y con los Ferrocarriles de la Generalitat, y con un suelo resbaladizo y nada sólido. De todo eso saben mucho los técnicos, los operarios y las empresas que se vienen esforzando en superar las dificultades y cumplir los plazos. Y es donde, precisamente, ha tenido un tropiezo tras otro la empresa constructora de Villar Mir, OHL, forzada a pedir varias prórrogas a sus contratos, y finalmente, situada en el ojo del huracán de quien viola plazos, condiciones, calidades y garantías. Se le ha hundido el piso, se le han derribado muros, ha visto destrozado un andén, ha comprobado que al paso de las obras se descubren grietas en los edificios colindantes... Y eso, cuando aún falta por acometer las obras por debajo de la ciudad de Barcelona, a la altura de la Sagrada Familia... Así las cosas, y ante tal cúmulo de complicaciones y situaciones adversas, se procede a investigar si conviene cambiar de constructora y si más bien hay que detener las obras y repensarlas de nuevo, antes de que una calamidad y una desgracia no termine de poner el luto en tan siniestra ejecución.

Parece ya haberse renunciado a la fecha del 21 de diciembre como fecha inaugural. El ayuntamiento de Barcelona reclama que se retrase la inauguración hasta que esté garantizada la seguridad. Y muchas voces siguen reclamando la dimisión de la ministra Magdalena Álvarez, como si fuera la gran y exclusiva culpable o la gran gafe de todos los males, y como si multitud de otros responsables intermedios nada tuvieran que ver con tan permanentes inconvenientes. Esta vez, el nuevo socavón, que hace el número seis en seis semanas, y el temor a una tragedia, han dado la señal de stop a las obras y han forzado a un replanteamiento del proyecto que aún resta por ejecutar. Pero se trata de evitar que las razones y los plazos de los políticos vuelvan a enturbiar la tarea pendiente.

José Cavero

Contenido patrocinado

Foto del autor

Antonio Casado

Anatomía de un anviersario

Foto del autor

Rafael Torres

El horror de las reformas

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Sánchez es un fuera de serie, de verdad

Foto del autor

Fermín Bocos

Resucitar el Frankenstein