MADRID 1 Jun. (OTR/PRESS) -
Que Alfredo Pérez Rubalcaba ha nacido para la política es innegable. No sé cómo habría sido químico, lo mismo un genio o a lo mejor del montón, pero lo que es indudable es que la política es consustancial a él.
En cuanto a sus cualidades nadie puede negar que es inteligente, trabajador, rápido de ingenio, todoterreno porque lo mismo sirve para ministro de Educación que para portavoz del Gobierno, del Parlamento, ministro del Interior, vicepresidente o lo que le echen.
Lleva, además, 37 años militando en el PSOE, que ya son años. Y sobre todo no hay nadie que cuestione sus cualidades políticas, e incluso sus enemigos las admiten aunque añadan que es una mezcla de Fouche y Rasputin.
De manera que lo asombroso es que Pérez Rubalcaba haya sido elegido por la puerta de atrás más allá del formalismo de la designación por el Comité Federal de su partido.
Es verdad que el "aparato" y los notables del PSOE le querían como candidato, y que pujaban porque fuera el sucesor de Zapatero. En Rubalcaba ven un valor seguro, sin sorpresas, y con capacidad para llevar las riendas del socialismo en medio de la tormenta. No olvidemos que en el PSOE sufren de un ataque de pánico, no sólo por el resultado de las elecciones del 22 de mayo, sino porque a poco que pisan la calle, y leen las encuestas, son conscientes de la animadversión que el Gobierno Zapatero ha despertado en una inmensa mayoría de ciudadanos. Así que muy jesuíticos ellos prefieren en época de crisis y tribulaciones no hacer mudanza, es decir que los lidere un senior.
Hasta aquí todo comprensible, el problema es que el PSOE se había dotado a sí mismo de un instrumento bastante ajeno a la cultura política española y europea: las primarias. Y ahí es donde Rubalcaba no quería competir, pero no sólo él no quería competir, sino que eran muchas las voces cualificadas en el PSOE que rechazaban ese método de elección y preferían un congreso extraordinario. ¿Y por qué? Seguramente la respuesta tenga algo que ver con una frase que le escuche hace años al ex presidente González: "El PSOE tiene un cuarto delito de sangre anarquista", que es tanto como decir que a pesar de los deseos del "aparato" las bases socialistas no siempre responden a estos deseos. Ya se vio en el duelo entre Joaquín Almunia y José Borrell o entre Zapatero y José Bono. De manera que los "seniors" temían que entre Rubalcaba y Chacón, las bases optaran por Chacón y claro eso no entraba en sus planes, es más les provocaba inquietud. De manera que si había primarias podía ganar Chacón, y si congreso extraordinario previsiblemente Rubalcaba, pero un congreso significaría la sustitución de Zapatero y este quedaría aún más en precario de lo que está.
Así las cosas, lograron que Carme Chacón, por lealtad a Zapatero, se retirara. El gesto de Chacón dice mucho y bien de ella, pero es evidente que la han sacrificado y se ha dejado sacrificar. A partir de ahí todo fue coser y cantar para Rubalcaba.
Eso sí, por más que se empeñen en el PSOE en intentar que "compremos" que la designación de Rubalcaba ha sido impecable, lo cierto es que esa designación tiene sombras. Se van a convocar unas primarias donde no dejan concurrir a la persona que podría haberle ganado, luego son primarias con truco. Y aunque Rubalcaba diga, y dice la verdad, que había muchos "dedos" levantados pidiéndole que se presentara, lo cierto es que va a competir en una carrera sin rival, luego su victoria, aunque victoria, tendrá el regusto de quien juega con las cartas marcadas. Esa es la realidad.
Eso sí, el vicepresidente va a dar lo mejor de sí y batirse el cobre por lograr, no sólo encandilar a las bases sino para ir convenciendo al electorado que con él el PSOE será otra cosa.¡Ah! y en mi opinión no tienen razón quienes cuestionan que el vicepresidente pueda compaginar su cargo con el de candidato, si lo hacen los presidentes no sé por qué no lo va a poder hacer un vicepresidente. El problema de Rubalcaba es que hay demasiada gente que le tiene ganas.