Actualizado 22/10/2006 02:00

Victoria Lafora.- Que Dios nos ampare

MADRID 22 Oct. (OTR/PRESS) -

El caso del ácido bórico no apunta bien. ¡Menudo caso..., que podría haber sido el del aceite de oliva o el de los bastoncillos para los oídos o el de la sal común...! Porque, a fin de cuentas, tan inocuos son unos como otros, tan alejados de cualquier vínculo letal (salvo en el caso de las cucarachas) y tan factibles de encontrar en cualquier casa de vecino, pero que, por arte de no se sabe qué, aunque se sospecha, se ha convertido en un auténtico caso que enfrenta, y eso es lo terrible, la postura de dos jueces. Y una de dos, o el juez Garzón es un chapucero o, lo que es peor, un prevaricador que actúa a sabiendas de que lo hace incorrectamente, o la chapucera o prevaricadora es la jueza Gema Gallego, titular del juzgado de instrucción 35 de Madrid. Porque no es creíble que en un caso tan sencillo exista el error de buena voluntad.

Una vez aclarada la base del asunto -que el ácido bórico no tiene nada que ver con las bombas y que no existen, consecuentemente, vínculos entre los supuestos terroristas del 11 M con ETA- lo que queda por dilucidar es si los peritos trataron de crear artificialmente ese vínculo, falsificando un borrador para darle aspecto de documento oficial y filtrarlo al diario El Mundo, o realmente los jefes de los peritos amputaron de un supuesto documento oficial una parte comprometedora, "motu propio" o dirigidos por mas altas instancias del Ministerio del Interior. Esa es la cuestión. Y esa cuestión, por sí sola, pone los pelos de punta. Las dos tesis son tan contradictorias entre sí que la una convierte en falsa a la otra. Y los que en una aparecen como imputados se vuelven testigos en la otra y a los testigos se les convierte en imputados y presuntos falsificadores. ¿Por arte de magia? No parece. Parece más bien por ese tremendo disparate que está politizando la justicia y convirtiendo a algunos jueces en arietes de este o aquel partido y en personajes denostados o aplaudidos por este o aquel medio de comunicación, en función de que sus sentencias sustenten o no sus respectivas tesis.

No es un tema menor, como diría Rajoy, es un tema que afecta a los cimientos de nuestra democracia, últimamente muy disminuida en su calidad. Y así, ante este deterioro de la Justicia, uno de los estamentos fundamentales del Estado de Derecho, no son los jueces quienes más necesitan del amparo, somos los ciudadanos quienes necesitamos el amparo divino para no caer victimas de la melancolía y el descreimiento.

Victoria Lafora.

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